sábado, 10 de enero de 2015

Historias de perros...

Para Bucanero con amor.



Conocida es la nobleza de los perros, de la que se saben historias increíbles de fidelidad y amor incondicional a lo largo y ancho del mundo. Algunas historias nos dan ejemplo de lealtad,de valentía y de generosidad,que nos hacen valorar lo que siente un perro y lo que su amistad significa.
Recordemos algunas de estas historias:

La primera historia es la de Hachikō,que nació en una granja en Akita,Japón, y aún cachorro fue regalado a Eisaburō Ueno, profesor de la Universidad de Tokio. Pronto el profesor se encariñó con el perro, que lo adoraba totalmente.
El perro lo acompañaba a la estación para despedirse allí todos los días cuando su dueño iba al trabajo, y al final del día volvía a la estación a recibirlo. Esta rutina, que pasó a formar parte de la vida de ambos,se hizo muy conocida por las personas del lugar,rutina continuó sin interrupciones hasta el 21 de mayo de 1925, cuando el profesor Ueno sufrió un paro cardiaco mientras daba sus clases en la Universidad de Tokio, y murió. Esa tarde Hachikō corrió a la estación a esperar la llegada del tren de su amo, y no volvió esa noche a su casa. Se quedó a vivir en el mismo sitio frente a la estación durante los siguientes 9 años de su vida. Conforme transcurría el tiempo, Hachikō comenzó a llamar la atención de propios y extraños en la estación; mucha gente que solía acudir con frecuencia a la estación habían sido testigos de cómo Hachikō acompañaba cada día al profesor Ueno antes de su muerte. Fueron estas mismas personas las que cuidaron y alimentaron a Hachi durante ese largo período.
La devoción que Hachikō sentía hacia su amo fallecido conmovió a los que lo rodeaban, quienes lo apodaron el perro fiel.
En abril de 1934, una estatua de bronce fue erigida en su honor en la estación Shibuya, y el propio Hachikō estuvo presente el día que se inauguró.
El 8 de marzo de 1935, Hachikō fue encontrado muerto frente a la estación de Shibuya, tras esperar infructuosamente a su amo durante diez años.Su corazón fue enterrado al lado de la tumba del profesor Ueno, en el Cementerio de Aoyama. El 8 de marzo de cada año se conmemora el día de la fidelidad de Hachikō en la plaza frente a la estación de trenes de Shibuya. Y hay una peli de Richard Gere inspirada en este perro japonés.

Y hay muchos casos parecidos  a lo largo del mundo...
En el cementerio Colón, de la Habana, existe una tumba en la que la lápida muestra a un perro que se quedó hasta su muerte en el sitio después del entierro de su ama.


Greyfriars Bobby, un perro Skye Terrier que permaneció junto a la tumba de su dueño John Gray en el cementerio Greyfriars, Escocia, hasta su muerte en 1872, 14 años después de la de su amo.

En Campiglia Marittima (Italia), un perro llamado Lampo (‘relámpago’, en italiano), fue fiel a Elvio Barlettani, quien trabaja en la estación de trenes de la localidad. Lo acompañaba a todas partes, e incluso abordaba los trenes para ir de un lugar a otro y regresaba, hasta que el 22 de julio de 1961 murió atropellado por un tren. Barlettani escribió un libro narrando sus experiencias. Hay una estatua en su honor en la estación de Campiglia Marittima, desde entonces es conocido como Lampo, il cane viaggiatore (‘el perro viajero’).

En Cádiz, España se produjo el caso de Canelo que, en 1990, iba junto con su amo al Hospital Puerta del Mar para recibir su tratamiento periódico de diálisis, hasta que un día su dueño tuvo muchas complicaciones y fue internado en ese mismo hospital donde Canelo también lo esperó y el hombre falleció. Después de esto Canelo se negó a moverse y siguió esperando al dueño durante 12 años, incluso vecinos intentaron adoptarlo pero el perro regresaba a la puerta del hospital y una perrera se lo llevó pero fue tanta la insistencia de la gente que lo liberaron y regresó al lugar hasta que el 9 de diciembre de 2002 falleció al ser atropellado por un vehículo, cuyo conductor se dio a la fuga.
En su honor se puso su nombre a una calle, en la cual se instaló una placa conmemorativa de bronce.

En Uruguay está la historia de Gaucho, un perro color negro, quien recorrió más de 50 kilómetros hasta el hospital en el que estaba internado su amo y permaneció allí hasta el día en que su amo falleció; luego, el noble animal lo acompañó durante su velatorio y hasta el lugar donde recibiría sepultura.

En el cementerio, Gaucho custodió aquella sepultura durante varios años, salía en las mañanas a recoger algún alimento que el pueblo le brindara, recorría calle Rivera, Plaza Artigas, La Picada y algunas veces la 18 de Julio, para volver de tarde otra vez junto a la tumba de su amo en el cementerio. Esto fue así todos los días hasta la muerte de Gaucho en 1989. Los pobladores de Durazno erigieron un monumento en honor a Gaucho, frente al cementerio en el que pasó sus últimos años.

En Teresópolis, Estado de Río de Janeiro, Brasil, un perro cuyo nombre es Leão (que significa ‘león’ en portugués) sigue junto a la tumba de su dueña Cristina Maria Cesario Santana, quien fue una de las más de 630 víctimas mortales de las inundaciones y aludes del 17 de enero de 2011 en el estado carioca.

En Villa Carlos Paz, Argentina, Capitán, un perro mestizo, acude a dormir todas las noches junto a la tumba de su dueño Miguel Guzmán desde el fallecimiento de este en 2006.

En Cochabamba, Bolivia, un perro de raza criolla espera todos los días en la jardinera central de la Avenida Papa Paulo (zona este de la ciudad) a escasos metros del lugar del accidente y posterior muerte de su dueño un Universitario. Comerciantes y vecinos se encariñaron con él, lo alimentan, le dan agua, se preocupan cuando se enferma y hace poco hicieron una colecta para llevarlo al veterinario.
Las amas de casa le llevan pan y salchichas, pero a él le gusta el menú que le sirven en el frial Marcela, próximo al mercado público. Todos los días a las ocho de la mañana, el dueño, le da un plato lleno de agua y cuellos de pollo crudo. Él bebe el agua, toma una presa y vuelve a la jardinera donde vio caer a su amo, para comer allí, como si no quisiera perderse el posible retorno de su dueño.

En La Piedad, Estado de Michoacán, México, el autor de música ranchera José Alfredo Jiménez narra en una canción la historia real de "El perro negro" que sucedió en esa ciudad, en donde un perro mató al asesino de su amo, para después pasar sus últimos años al lado de la tumba de su amo en el panteón municipal de la misma ciudad hasta su propia muerte.


Es una Perla negra. Así se llama y es una labrador. La Fundación de Perros de Búsqueda (estadounidense) la rescató de un refugio para perros abandonados. Y qué bueno, porque gracias a eso Perla luego ha salvado 12 vidas humanas.  Trabaja para los bomberos de Los Ángeles, quienes la llevaron a Haití, donde pudo salvar a víctimas del terremoto. Por esa labor, ha sido reconocida como el Perro del Año, 2010.


China, una perra callejera de Buenos Aires, encontró una bebé recién nacida, abandonada por su madre inmediatamente después de haber sido alumbrada, y entonces se la llevó a su refugio, donde la cuidó junto a sus seis cachorritos, tratando de darle calor y cobijo, evitando de esta manera que la niña sufriera una hipotermia que habría sido mortal.
 La niña fue abandonada en el descampado desnuda y no presentaba marcas de mordeduras, apenas unas escoriaciones leves, por lo que se presume que la perrita la habría arrastrado unos 50 metros, hasta su refugio. El llanto de la niña y los ladridos de “China” alertaron a un velador que se apresuró a cubrir a la niña con una manta y llamar a la policía.

En fin,que podríamos recordar miles de  casos que existen,pero hasta aqui llegamos en esta gran lección de humanidad de esos  perros bondadosos y fieles...



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