domingo, 11 de enero de 2015

Perros que salvan vidas...










En la antigua Grecia, se daban paseos con perros como parte de las terapias para dar un último consuelo a las personas que padecían enfermedades incurables,y ya en la Edad Media se usaban perros como lazarillos para los ciegos.
En 1669, el médico John Locke defendía que la relación con animales, tenía una función sanadora, y empezó a difundir las primeras teorías sobre la influencia de los animales de compañía y su uso con enfermos mentales, indicando que el trato con estos animales, despertaba sentimientos sociales en dichas personas, y se encontraban más relajadas y tranquilas. El primer uso de animales de compañía como terapeutas, se registró en Inglaterra 1972, el psiquiatra William Tuke, pionero en aplicar la terapia asistida con animales en un centro psiquiátrico, propiciando valores humanos y autocontrol en los enfermos, mediante el refuerzo positivo.
En 1867, en Alemania, se utilizaron con enfermos epilépticos y con cardiacos. Y al inicio del siglo XX,  la Cruz Roja elaboró el primer programa terapéutico en la rehabilitación de veteranos de guerra. Los perros fueron llevados por la Cruz Roja al centro de convalecencia de soldados mutilados de la Fuerzas Armadas, disminuyendo el número de suicidios de estos notoriamente.
Luego, el psiquiatra Boris M. Levinson en 1953 y su perro Jingles, de manera inesperada. recibió en la consulta de su casa a un niño con graves problemas de retraimiento hacia lo que le rodeaba. Al no estar programada esta visita, su perro estaba presente y comprueba como el niño reacciona positivamente ante la presencia del perro. Decide ir incorporando a las sesiones esta interacción entre el perro y el paciente, comprobando gran mejoría en el estado mental del niño, ya que el convivir con el can ayudaba a los pacientes a tranquilizarse,a comunicarse y a expresar sus emociones. Esta investigación que le llevó a sentar las bases de lo que hoy conocemos como T.A.P.(Terapia Asistida con Perros).
Poco después publicó el libro “El perro como coterapeuta”, en su libro relata las experiencias vividas junto a su perro y pacientes que mejoraban mucho  gracias a la presencia del perro en el consultorio, favoreciendo la comunicación entre psiquiatra y paciente. A lo largo de los años 60, se desarrolló la terapia asistida con otros animales: gatos, tortugas, caballos,etc.



La terapia asistida con perros  en estos días, se ha orientado a personas que padecen problemas médicos (físicos o mentales), que pueden beneficiarse de la compañía de un perro, mejorando su calidad de vida.
Los perros terapeutas, han logrado grandes éxitos en el tratamiento con personas discapacitadas, despiertan reflejos, ayudan a superar fobias, depresiones y enfermedades de origen nervioso. Producen un efecto sedante o relajante en los pacientes, disminuyen los niveles de corticol, y  ayudan en la detección de tumores, etc.
Para ser perro de terapia cualquier raza es válida…aunque debe tener una apariencia bondadosa, para facilitar el acercamiento del paciente. Así que el perro debe nacer con cierta predisposición,deben ser tolerantes y dispuestos.
No todos los perros son aptos para ser terapeutas, lo 1º es realizar un examen para detectar posibles patologías de comportamiento ,ya que en general, se busca que sean sociables, pacientes, con buen carácter, inteligentes y que aprendan con cierta facilidad. Deben ser muy serenos, , que no se sorprendan ante ruidos bruscos (gritos, etc.).
 Y los beneficios de la terapia con perros se extienden a  nivel físico y psicomotor:
Con por ejemplo,con el aumento de la movilidad de los miembros superiores y de la destreza manipulativa así como de la coordinación entre el ojo y la mano. Disminución del estrés y la tensión arterial. Y a nivel neurocognitivo: Mejora en la articulación, y aumenta la concentración, atención, percepción y memoria.
A nivel psicosocial y emocional: Un perro aumenta en el paciente el sentido de “pertenencia”, aumenta su autoestima, disminuye el aislamiento y la depresión, y ayuda a la más rápida recuperación del enfermo, ya que reduce la resistencia a los tratamientos.Desinhibe al paciente.Rompe la rutina.Mejora la socialización.



Reduce la presión arterial y el estrés. Y sobre todo le ofrece motivación para vivir.
Muchas personas enfermas o que están atravesando una situación difícil, sólo piensan en sus problemas, sin embargo al estar en contacto con el perro, pueden cambiar su enfoque mejorando su autoestima,ya que los perros no emiten juicios sobre nosotros.
En los centros penitenciarios, ayudan a reducir los niveles de violencia.
Así que un perro mejora la salud mental y el crecimiento emocional de la persona, lo que hace que sea una buena terapia para niños y personas con gran timidez.
Si bien en algunos paises todavía no se permite el acceso de los perros terapéuticos en los hospitales, y centros públicos, es evidente, que su efecto en los pacientes, es positivo, y por eso todos los que amamos a este bello animal, tenemos la obligación moral, de continuar ese camino: cuidando bien a nuestros perros y ayudando a que otros canes también lo sean.


Aporte del Sensei