martes, 10 de febrero de 2015

La decepción...







La decepción  surge de la fuerte confrontación de lo que creíamos,con la realidad. Y es que a veces visualizamos a los otros como los imaginamos o suponemos que son, bien sea por engaño de ellos, de nuestros sentidos o de falsas impresiones.
Entonces, podemos desilusionarnos, desencantarnos, frustrarnos, cabrearnos, o caer en despecho, desesperanza, tristeza, amargura, desánimo o depresión, por el fiasco que tuvimos. Aunque las decepciones, las más de las veces, dependen de la forma como nosotros mismos percibimos, sin duda que también las provocan los engaños, sobre todo cuando alguna persona falta a la verdad en lo que nos dice, hace o pretende retraerse de algo pactado. Ese tipo de engaños lleva a crearnos una ilusión que seguro nos lleva a perder la objetividad de ver la situación tal y como es.
 Como una gran generadora de  estrés psicológico, la decepción es esa insatisfacción que surge cuando no se cumplen las expectativas sobre un deseo o una persona. Se forma en unir dos emociones primarias, la sorpresa y la pena. La decepción, si perdura, es un desencadenante para la frustración y más adelante, la depresión.
 Es esa desilusión que deja al sujeto frente a un vacío. Y así,después de la sorpresa,se pasa del desengaño,al desencanto,y por fin a la decepción... de la tristeza al enojo enardecido, quizá a deseos de venganza, o simplemente a un amargo silencio...
Y es que la decepción, siempre resulta algo inesperado. Un encuentro que rompe algo que ya había, algo hermoso, encantador, efímero…Es el encantamiento mismo del ilusionista...roto.




Aunque muchas veces no es que se esfumen algunos espejismos enceguecedores y efímeros, sino que  la desilusión es el pesar por cierta  cercanía al vacío central del ser; eso que podría llamarse dolor de existir.
Y es que la decepción es ese amargo  sentimiento de fracaso,y frustración al ver destrozadas las expectativas, y más adelante,si el sentimiento perdura, la depresión se profundiza y hasta puede volverse crónica. Similar al arrepentimiento, se diferencia en que el sentimiento de arrepentimiento se enfoca básicamente en fallas en elecciones personales mientras que el de decepción se enfoca más en la insatisfacción proveniente del aspecto externo.
Y es que todos queremos hacer las cosas bien,y ser felices,y cumplir nuestros sueños,pero cuando nuestras representaciones mentales no se logran, surgen las decepciones. En innumerables casos, las ilusiones nos ciegan, y por ello minimisamos o ignoramos defectos, e incrementamos las creencias en virtudes inexistentes,y luego cuando la realidad nos golpea de frente sobreviene el desengaño, la decepción. De la ilusión pasamos a la desilusión. Se sale del engaño o del error de apreciación en que se estaba.
Un ejemplo sencillo,es la publicidad engañosa, la propaganda política o la sobreventa de una idea o producto que nos lleva a crear expectativas personales en torno a algo o alguien que al no darnos o proveernos lo prometido nos decepciona.
Lo primordial para no ser decepcionados continuamente, es intentar ser lo más objetivos que podamos, no crearnos falsas esperanzas, evaluar las situaciones evitando juicios emocionales, y valorar y apreciar a las personas en su justa dimensión.
Perder las expectativas y la esperanza, en un primer momento, resulta de lo más frustrante, por ello, en medio de esta situación emocional, recuerda que nada ni nadie es imprescindible. Piensa que sentirse decepcionado es algo temporal, el tiempo lo cura todo y las cosas se pueden mejorar. Tú eres quien elige cómo enfrentarte a las expectativas superando las situaciones negativas.
La decepción es una de las emociones más difíciles de sobrellevar por la infelicidad y la tristeza que genera. La cuestión más difícil de padecer este estado es que la persona presenta una tristeza y una amargura tan grandes que le harán prácticamente imposible disfrutar de la vida y de las cosas bellas que tiene esta.


La experiencia clínica  demuestra que cuando las personas presentan un estado emocional bajo o sintomático desde el punto de vista anímico, lo más frecuente es que exista lo que llamamos una 'anhedonia'. Traducido al lenguaje coloquial, significaría que la persona pierde la capacidad para experimentar placer, con una falta de ilusión general, con lo cual ante estados depresivos a nivel conductual puede darse un abandono del cuidado físico y personal que puede conllevar a la persona a un incremento de peso, falta de ejercicio, despreocupación general.  Lo primordial para no decepcionarnos es valorar a la vida y a las personas en su justa dimensión y no crearnos falsas esperanzas.
Y la otra cara del tema es cuando somos nosotros mismos quienes decepcionamos a un ser querido, ya sea un padre,un hermano,un amigo, un amor,o un hijo...y sabemos que nuestros actos les han llenado de dolor y angustia... Para prevenir que esto ocurra nunca mintamos, no aparentemos ser lo que no somos, seamos sinceros y jamás traicionemos...



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