domingo, 12 de abril de 2015

La novela negra...

"Un amigo mío, Phil Lomax, me contó que un ciego había disparado con una pistola contra un hombre que le había abofeteado en el metro y que había matado a un espectador inocente que leía tranquilo su periódico al otro lado del paseo. y pensé, maldita sea, igual que las noticias de hoy, las revueltas en los ghettos, la guerra en Vietnam, los actos masoquistas en Medio Oriente... Luego pensé que toda violencia desorganizada es como un ciego con una pistola..."
 Chester Himes






...En una aparente contradicción: los anarquistas suelen ser voraces lectores de novela negra. Y la pregunta es: ¿por qué existe esta pasión lectora hacia un universo plagado de policías, delatores, detectives y aparato policial que, además, la mayoría de las veces resultan triunfadores y atrapan al anti-héroe, es decir, al ladrón o al asesino?
La pasión por leer a Andrea Camilleri, Petros Márkaris o Donna Leon  se ha unido  a la fascinación  por Leonardo Sciascia, D. Hammett o Highsmith. Por no hablar de clásicos como Chandler y los obligados Agatha Christie, Simenon y Conan Doyle, que hicieron de sus protagonistas los héroes de la inducción-deducción darwinista. La contradicción se nos ofrece en bandeja, ya que podemos preguntarnos qué hay de especial en adentrarse en barrios marginales, dinero negro, chantajes, prostitución, drogas y demás lindezas para un lector que está en contra de la sociedad autoritaria y además desconfía de la justicia y el aparato represor-policial.
El sitio de honor de varios de estos autores en nuestra particular y personal cosmogonía libertaria se debe sobre todo los temas tratados: la novela negra se centra en la denuncia social. Al entorno del hecho cruento se desarrolla el trasfondo de la marginalidad, y sobre todo de la desigualdad, porque la novela negra se convierte en algunos autores en una forma de narrar lo inexplicable en tiempos de censura y dictadura.

La novela se convierte en algo más que la narración de un crimen intrascendente hecho con mayor o menor acierto: es un crisol donde se recogen las biografías de personas que se mueven en un ambiente real y cercano a nosotros, disfrazadas de personajes de ficción. Y aquí reside la grandeza de este tipo de narraciones: acercarnos a estas otras realidades, mostrarlas en su crudeza, evidenciar aquello complejo que no aparece en los grandes medios de comunicación o que aparece descrito como marginalidad o caso aislado.
Es en estos márgenes en los que Petros Márkaris describe en Balkan Blues el drama del asesinato de personas que no tienen papeles, donde Camilleri explica cómo se esconden aquéllos que llegan a las costas en cayucos o cómo las jóvenes del Este son obligadas a robar por pseudoOngs cristianas. Realidad explicada a través de la ficción, porque la realidad es increíble, no se puede documentar, o porque no llega a ser noticia de primera página. Aparecen obreros sin papeles y sin sindicatos que los defiendan, accidentes laborales encubiertos bajo ardides burocráticos, abogados corruptos y protagonistas vencidos antes de empezar a luchar, mujeres obligadas a venderlo todo, como en las clásicas novelas de la serie negra del siglo XX. No han cambiado ni los temas, y quizás tan solo el color de piel de los protagonistas. Hemos pasado de la ambientación exótica y colonial de las novelas de Christie o Doyle a las costas de Sicilia, Grecia o Marsella. Pero en todas, antiguas y actuales, se muestra la injusticia como telón real del drama. Una muestra en las antiguas: los ayudantes de Holmes eran un grupo de chiquillos dickensianos de la calle; las amigas de Mrs. Marple, un grupo de mujeres adultas emancipadas e incomodas para la misógina sociedad de su tiempo; el viejo Poirot, solo, exiliado y con visos de ambigüedad sexual poco explícitos para su época, se encuentra desorientado en un país que lo percibe siempre como extranjero.

 O los sujetos carcelarios que inspiraron al genial escritor negro Chester Himes,nacido en Missouri, y expulsado de la Universidad de Columbus, por escribir lo que no debía, y luego metido a la cárcel acusado de robo, con una condena de 20 años. Hasta que ya en libertad en 1935, huye a Paris, en donde se vuelve el padre del  género negro policial con sus  detectives de Harlem Ataúd Ed Johnson y Sepulturero Jones (Coffin Ed Johnson y Grave Digger Jones), que le haría mundialmente famoso y lo pondría a la altura de otros reconocidos autores del género, como Dashiell Hammett o Raymond Chandler que iban de la mano de yonkis de playa y prostitutas de puerto. Y junto a ellos están los inspiradores nihilistas rusos,los  editores marginales,los emigrantes griegos o albaneses,las cantantes de cabaret ,o los ilusionistas,y que decir de falsificadores de moneda, vividores, bígamos, farsantes, ladrones y, en definitiva, la vida misma narrada sin tapujos, sin romanticismo...

Y en todas las novelas, un fondo común latente y constante: la denuncia social imbricada en la vida de la comunidad. La desigualdad es narrada con una gran impudicia, con violencia, gracias a los crímenes descritos: en eso reside la fuerza de la novela negra. Y cómo no, con una chispa de humor para conjurar la pura desesperación del propio autor. Autores que son en su mayoría personajes disconformes con la sociedad que les ha tocado vivir. La mayoría de ellos murieron sin alcanzar la notoriedad mediática de los actuales. Sobrevivieron merced a otros trabajos que van desde el artículo periodístico a la peligrosa vida en el alambre del creador nato. La mayoría además fueron personajes controvertidos y molestos en su contexto social.
Y muchos de  estos autores estuvieron en las filas de los anarquistas mientras escribian textos de ladrones y policías, esbozando personajes  antiautoritarios o  desobedientes. Destacan los escritores anarquistas franceses  Georges Darien o Leo Malet, o los catalanes Xavier Benguerel y Manuel de Pedrolo, militantes de la CNT-FAI en 1936. Sobre los segundos cabe destacar que el hecho de que los anarquistas han pasado en nuestros días de ser invisibles o vencidos en todas las batallas a formar parte de la literatura de ficción. Una ficción novelada que toma modelos reales de una historia vejada y escondida, de la que solo rescata el héroe/antihéroe y lo despoja de sus reivindicaciones más netas. Porque, indudablemente, estos héroes del pueblo permanecen en el imaginario colectivo y no hay nada más tentador que insertarlos en una narración y convertirlos en protagonistas, reconviertiendo la realidad en narración,  además de hacerla  lúdica. Uno de ellos es Andréu Martín, que trata con respeto a los personajes anarquistas de sus narraciones, que se desarrollan primordialmente en un contexto conocido por el autor: Barcelona y sus ambientes bohemios. Sus escenarios abarcan desde los barricadistas de la Semana Trágica a los pistoleros de los años veinte o los últimos maquis urbanos. Grupos de afinidad conviven con ambientes obreros o los escenarios populares del Raval o la Barceloneta. Escenarios de tensión y lucha donde el crimen adquiere distintas tonalidades. Unos ambientes que recuerdan al pionero Xavier Benguerel, que en sus novelas recreó autobiográficamente parte de la vida de los anarquistas del Pueblo Nuevo barcelonés.


Y es que qué son esos sujetos oscuros,pobres y cabreados, que se rebelan al sistema social que los ha arrinconado en un contexto marginal criminal, sino anarquistas?  Esos son  los clásicos: narradores de historias sórdidas  de denuncia social encubiertas en novelas de serie negra que escapaban, con no muy buena fortuna, a las tijeras censoras del estado capitalista.....Y es que la Novela Negra es una ventana oscura por donde se asoma,sigiloso,el anarquismo...



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