lunes, 25 de mayo de 2015

Reflexión triste...








Sáquense de nosotros las infamias. Que nos duelen al respirar. Cedamos el paso al amor, al amor universal. Sacúdete el polvo que cubre tu cuerpo. Lávalo despacio, que no quede siquiera, una gota de iniquidad. Limpio y oloroso, un aroma natural.

Parásitos pútridos no se acercaran. Se volverán locos, desorientados. Al no saber de donde viene, éste cálido y limpio aire de solidaridad universal. Para los pobres, los oprimidos, los marginados de la gleba. Construyamos un cielo sin dioses. Ni cóncavo ni convexo, simplemente lineal. Píntese en él un planeta. Liguemos el más bello azul con el rojo de la sangre: el planeta se vestirá de verde.

Coloquemos con delicadeza a la luna en el mejor sitio del espacio. Donde nos lleguen sus influencias. Que no sean solos las plantas las que se aprovechen en su germinal de los cuartos menguante de Selene. Reunirnos todos de frente a la salida de la Aurora. Que el Sol se sorprenda ante nuestro descaro. Este Sol, poderoso, infinitamente brillante, parpadeará un instante ante nuestra preclara y solidaria “luz”. Y sonriendo dirá: ¡por fin ya ha llegado su hora!.

Ya los humanos no se hablan chillando. Se hablan despacio, con amor, sin descanso. Ya se han reunidos los silencios callados. En la fragua de la vida, ya se está forjando. El sol, la tierra, el aire, el mar la lluvia. Para decirle hasta nunca a la vieja noche.

Con paciencia y lealtad han limados sus aristas, pero queda aún tosquedad, asperezas, deficiencias. Más todo entrará en armonía, cuando todos, al unísono, tomemos plena conciencia.

Los Océanos son anchos, húmedos, salados. ¿Se habrán hecho salobre, por las lagrimas derramada por los humildes pobres, los oprimidos, los desdichados? Según los opulentos los pobres hemos llegado demasiado tarde al gran banquete de la vida.

¿Son los poemas maldiciones? Ya no caeré en le trampa del pesimismo. Caí con demasiada frecuencia. Manuscrito en pulcro papel, escrito con la tinta roja de la sangre. Para reír mejor: llora de felicidad.

Ya no estamos en peligro de extinción. El viento, que es el aire en movimiento, con su plena libertad, llevará éste nuevo polen de la vida al lugar más recóndito de éste mundo nuestro.

Abrirá caminos nuevos, sin ortigas ni zarzales. Será como un verde prado, colchón mullido de ensueños.

Mientras exista el hambre que nadie se sienta ahíto. O nos ponemos todos a morir o acabamos con los ricos. Hemos cruzado a nado el infinito universo (digo a nado, porque hemos utilizados los brazos, no somos ángeles somos humanos) buscando al “buen” dios. Y no lo hemos encontrados.



...Más no estamos desilusionados, porque sabemos ya de verdad que dios  fue un mito: por los hombres creado, para, que los opulentos vivieran felices a costa de los desheredados.

Aquí se acabó la historia de esta triste reflexión. Hagamos un mundo más justo para que todos vivamos mejor. Ya que todos somos humanos, hagamos ese mundo nuevo, que en los corazones llevamos.


Aporte de Mozz

.

martes, 19 de mayo de 2015

lunes, 18 de mayo de 2015

Louise,la Virgen Roja...











Louise Michel nació el 8 de mayo 1830 en Haute-Marne y murió   el 9 de enero 1905 en Marsella.  Francia, y fue una anarquista, feminista, maestra, poeta y escritora libertaria. Ella es una de las principales figuras de la Comuna de París. Fue la primera en enarbolar la bandera negra, que bajo su impulso se convertirá en uno de los símbolos del anarquismo. Cuando fue condenada a prisión,se convirtió en una  fuente de inspiración para algunos poetas como  Víctor Hugo o Verlaine.
Conocida como La Virgen Roja en toda Francia, Louise Michel fue hija natural de Etienne-Charles Demahis, propietario del castillo de Vroncourt, y de una de sus sirvientas, Marianne Michel. Se crió en el propio castillo, considerada por la esposa de Demahis, Charlotte, como su propia nieta. Recibió de ellos una educación volteriana y republicana, aficionándose pronto al piano y a la lectura (conoció personalmente a Víctor Hugo, con el que tendría gran amistad en lo sucesivo).
En 1845 murió su padre, y en 1850 debió abandonar Vroncourt, expulsada por sus hermanastros, y con la prohibición expresa de utilizar el apellido Demahis. Marchó a Chaumont para obtener un diploma de institutriz, oficio que comenzó a desempeñar en 1853, en Audeloncourt. Aunque como institutriz comunal no tenía que realizar el juramento a Napoleón III, fue denunciada varias veces por republicana.
En 1856 comenzó a trabajar como maestra en una institución parisina, asistiendo además a cursos de todo tipo organizados por sociedades republicanas. Al mismo tiempo escribía versos y artículos, que enviaba a Víctor Hugo y a periódicos como La Jeune France (La joven Francia), y participaba en reuniones de debate. Aunque no adscrita a corriente ideológica alguna, se relacionó con personas vinculadas al pensamiento revolucionario, sobre todo con Théophile Ferré y su hermana Marie, y otros como Amilcare Cipriani, Henri Rochefort y Jules Vallès. En 1865 murió la dueña de la institución en que trabajaba, Madame Vollier.
En 1870, tras la derrota de Napoleón III en Sedán ante los prusianos, y una vez proclamada la Tercera República Francesa el 4 de septiembre, grupos de revolucionarios, entre los que se encontraba Louise Michel, trataron de obtener armas en el Ayuntamiento de París para liberar Estrasburgo de las tropas prusianas; fue la primera vez que Louise Michel ingresó en prisión.







Luego presidió el Club de la Justice de Paix de Montmartre, una de las demarcaciones de vigilancia creadas por el Consejo Federal de la Internacional. Obtenidas por fin las armas, se proclamó la Comuna de París en marzo de 1871 y participó en la subsiguiente lucha de barricadas, ocupándose además de una ambulancia y de cuestiones de educación.
Fue presidenta del Comité de Vigilancia del distrito XVIII, encabeza la manifestación de mujeres que impedirá que los cañones pasen a manos de los "Versalleses", y logrará que los soldados confraternicen con los guardias nacionales y el pueblo parisino. En los  dos meses que dura la sublevación parisina mantiene una destacada labor social y militante. Anima el "Club de la Revolución" y consigue la creación de comedores para los niños del barrio. Organiza también un servicio de guarderías infantiles en toda la capital, y apoya la creación de escuelas profesionales y de orfanatos laicos.

Además, Louise Michel  combate, fusil en mano, en las barricadas de Clamart, Neuilly e Issy-les-Moulineaux. Participa como enfermera, recogiendo y atendiendo a los heridos, y recluta mujeres para llevar las ambulancias y lidera un batallón femenino cuyo coraje destacará en las últimas batallas libradas por los comuneros.
Consiguió liberar a su madre, que había sido capturada para ser fusilada como castigo contra Michel. El 16 de diciembre de 1871 compareció en Versalles ante un consejo de guerra que la condenó a deportación perpetua. Tras permanecer más de año y medio en la prisión de Auberive (Marne), fue enviada a Noumea, en Nueva Caledonia (colonia francesa del Océano Pacífico), adonde llegó a finales de 1873, tras cuatro meses de viaje. Durante el mismo se había adscrito al anarquismo.



Finalizada la sublevación la condenan a diez años de destierro en Nueva Caledonia. Allí, estudia y recoge datos sobre la fauna y la flora de la isla, elaborando un repertorio que enviará al Instituto Geográfico en París; además improvisó una escuela para los hijos de otros deportados, entre los que tuvo cierta autoridad y ascendiente. Conoció a un nativo canaco, del que aprendió la lengua y cultura, y visitó varias tribus canacas; llegó a ser muy apreciada por los nativos, a los que enseñó diversos conocimientos. Al contrario que la mayoría de los deportados, Michel se mostró partidaria de la revuelta canaca de 1878, pues la consideró una lucha de liberación; por el mismo motivo también tuvo en gran estima a los deportados argelinos.
En julio de 1880 fue amnistiada junto con otros revolucionarios; regresó a Francia, con la idea inicial de volver a crear una escuela para los canacos. El 9 de noviembre entró en París después de casi diez años de ausencia. Se dedicó entonces a pronunciar conferencias en clubes revolucionarios por todo el país, en aliento del espíritu de la Comuna, con importante asistencia de público, y estudió las teorías económicas anarquistas de Piotr Kropotkin.

En 1883, después de tomar parte en una manifestación contra el paro, fue de nuevo detenida y condenada a seis años de prisión por saqueo, aunque fue indultada en enero de 1886. Antes, el 5 de enero de 1885, había fallecido su madre, pero no le fue permitido asistir al entierro. Al poco murió también el escritor Víctor Hugo.

Retomó de nuevo su actividad propagandística, volvió cuatro meses a la cárcel a mediados de año, y en enero de 1887 fue ligeramente herida de bala, mientras hablaba en Le Havre (sufrió varios atentados durante su vida). En 1890 participó en una revuelta anarquista en Vienne y fue detenida una vez más; liberada luego, quisieron declararla loca para encerrarla en un internado.

Se refugió en Londres, como habían hecho antes otros revolucionarios, y trató de cerca a muchos de ellos: Enrico Malatesta, Léon Blum y otros. Dio también conferencias, ahora para el público inglés. Se ocupó también de recoger fondos para los proyectos y obras anarquistas, y de enseñar en una escuela a los hijos de los exiliados. En 1895 regresó a París, requerida su ayuda por Sébastien Faure para la edición del periódico Libertaire (Libertario). Hasta su muerte, publicó artículos y siguió realizando giras por distintas ciudades francesas y algunos países europeos (Holanda, Bélgica, Suiza y Escocia), luchando para evitar la disgregación del anarquismo que a principios del siglo XX estaba produciéndose.


Utilizó el pseudónimo de Clémence, y fue también conocida como Vierge Rouge ('Virgen roja') y Bonne Louise ('La buena Louise'); hoy llevan su nombre instituciones educativas y culturales. Escribió varias obras de poesía, teatro, narración y opinión política y numerosos artículos periodísticos; del conjunto de su producción cabe destacar sus Memorias (1886), El nuevo mundo (1888) y La Comuna (1898)...
. Durante esos años, se acerca a los canacos, considerados como peligrosos y hasta antropófagos por la mayoría de los franceses. Aprende su lengua y desarrolla una labor educativa con los nativos, por los que tomará partido en la revuelta de 1878. Funda el periódico Petites Affiches de la Nouvelle-Calédonie y publica Légendes et chansons de gestes canaques. En 1879, se le permite instalarse en la isla de Noumea y se le autoriza a retomar su labor docente, primero como maestra de los hijos de los deportados franceses, y luego en escuelas de niñas. En 1880 Regresa a París y  funda el periódico Le libertaire .
En cuanto a su labor literaria, su novela “La miseria” anticipa la crisis social de los suburbios de las grandes urbes francesas, a principios del siglo XXI. Entre sus obras más destacadas se encuentran: Los desesperados, Los hijos del Pueblo, Los microbios humanos y Los delitos de una época. En reconocimiento a su labor docente, con frecuencia se pone su nombre a escuelas primarias y secundarias en muchas ciudades francesas.
Louise Michel  fue una luchadora incansable, una persona altruista que siempre estuvo dedicada a la causa de los más desvalidos. Aunque su obra literaria cuente con pocos ensayos teóricos y varios poemas, leyendas y cuentos, algunos para niños, Louise Michel es recordada principalmente por su activismo anarquista.
Durante los diez últimos años de su vida, reside entre Londres y París donde supervisa la edición de sus obras. Sus actividades fueron constantemente vigiladas por la policía y fue detenida en numerosas ocasiones, a pesar de su avanzada edad. En 1903 y 1904, a la edad de 74 años, recorre Francia con su amigo el anarquista Ernest Girault para dar una serie de conferencias. Louise Michel muere de una pulmonía en enero de 1905, en la habitación n° 11 del Hotel Oasis de Marsella, mientras daba unas pláticas a unos trabajadores. Su cuerpo fue trasladado a París para ser enterrado en el cementerio de Levallois-Perret junto a su madre y los hermanos Ferré. Millares de personas acompañaron la procesión fúnebre, y otros muchos fueron testigos de su paso; oradores anarquistas alabaron la talla moral de Louise Michel,
 En su honor,durante la Guerra Civil española, dos batallones de brigadistas internacionales llevaban el nombre de Louise Michel.En reconocimiento a su labor docente, con frecuencia se pone su nombre a escuelas primarias y secundarias en muchas ciudades francesas.
Casa año,una manifestación recordatoria le rinde homenaje en su tumba en Levallois-Perret. Y una estación del Metro de París lleva su nombre. Y el jardín situado al pie de la basílica del Sagrado-Corazón en Montmartre, París, fue rebautizado en  honor de Louise, la rebelle....



.

-

Otras comunas...








Una Comuna es una organización social caracterizada por el trabajo en común y la propiedad compartida de los medios de producción y de lo que ellos generan. En ella no existe propiedad privada. Todo es de todos, incluido el fruto del trabajo de sus miembros. La propiedad es común. Cada quien trabaja tanto como puede y recibe lo que necesita. Esta forma de asociación humana ha sido, durante toda la historia del hombre, un ideal político tan ambicionado como utópico. Han lucubrado sobre él Owen, Fourier y otros exponentes del socialismo utópico.
La comuna es más un recuerdo del pasado remoto —el colectivismo primitivo— que una experiencia actual. Sin embargo, en ciertos sectores campesinos de los Andes en América del Sur, en la Marinaleda española, o en las granjas colectivas de China existen aproximaciones a la comuna para la producción agrícola, en las que el trabajo y la propiedad son compartidos.
Desde 1955, como resultado del proceso de transformación de la forma de tenencia de la tierra agrícola en la República Popular de China y hasta 1976 en que terminó la etapa maoísta de su revolución, se establecieron las llamadas comunas populares para el trabajo agropecuario, que los seguidores del líder chino consideraron como la forma más elevada de socialización de los bienes de producción en el campo. El proceso anterior pasó por varias etapas y modalidades. Primero vino la reforma agraria que expropió los predios a los terratenientes para entregarlos a las familias campesinas.
Los peones agrícolas se conviertieron en propietarios. Sobre esta base se organizaron luego cooperativas de productores que trabajaron sobre una tierra de propiedad colectiva. Sin embargo, progresivamente fue borrándose el sentido de la propiedad colectiva y el Estado empezó a apropiarse de las cosechas y a beneficiarse del trabajo gratuito de los campesinos. Al mismo tiempo, con las tierras baldías se formaron las granjas estatales, que constituyeron otra forma de explotación agrícola. Fue en este momento en que Mao formó las comunas populares, dirigidas por funcionarios nombrados por el gobierno, con base en la fusión de las anteriores cooperativas. Se formaron centenares de miles de ellas en las zonas rurarles de China.
Las comunas fueron, al mismo tiempo, entidades políticas de indoctrinación y control de la gigantesca población campesina y un sistema de trabajo colectivo de la tierra agrícola. La distribución de las cosechas se hacía bajo el principio: de cada uno según sus capacidades y a cada uno según sus necesidades. Esto determinó la total falta de entusiasmo de los campesinos en su trabajo y, en consecuencia, la bajísima productividad de las tareas agrícolas, que pronto se convirtió en una de las principales preocupaciones del gobierno.
Las comunas populares no tenían en lo absoluto autonomía en su operación. Estaban gobernadas por funcionarios del Estado, quienes a su vez recibían órdenes superiores. Se había caído en la utopía. Los resultados fueron veinte años de estancamiento de la producción alimentaria, la baja consiguiente del nivel de vida de las masas y el descontento de los campesinos que opusieron una resistencia sorda a las iniciativas del gobierno.
Esta “forma superior de socialización de los medios de producción en el campo” fue un fracaso, así desde el punto de vista macroeconómico como desde la perspectiva del nivel de vida de los campesinos. Cuando en 1976, muerto Mao, advino la nueva política económica del Partido Comunista chino bajo el liderato de Deng Xiaoping, denominada >reforma y apertura, las comunas populares se disolvieron casi espontáneamente en el curso inicial de la aplicación de los nuevos principios de la economía china y la tierra de cultivo pasó a ser de propiedad colectiva de la provincia, región autónoma, municipio, distrito o cantón en donde están situadas, de acuerdo con la complicada e irregular división político-administrativa de China.


Los campesinos, que son sus usufructuarios, pagan por ellas al Estado una contribución económica no mayor del cinco por ciento de la producción, sea en dinero o en productos de sus cosechas —arroz, trigo, soya, algodón, maní, tabaco u otros— y el resto es materia apropiación familiar.
La comuna se diferencia de la >comunidad en que en ésta cualquier factor puede ser común: la actividad de sus miembros, el lugar donde habitan o trabajan, el origen étnico, la cultura o cualquier otro elemento de la vida social. Lo importante es que sus miembros tengan algo en común. Entonces surgen las relaciones de comunidad. En tanto, en la comuna el elemento compartido es la propiedad de los instrumentos de producción y lo que ellos producen.
Los insurgentes franceses de 1871 utilizaron este nombre —la commune de París— para designar la toma del ayuntamiento por el pueblo parisiense y el corto lapso de ejercicio del poder popular desde el Hótel de Ville.
Esta tentativa revolucionaria de los trabajadores franceses se desató el 18 de marzo de 1871. La muchedumbre se concentró en la plaza del ayuntamiento de París —incitada por líderes pequeño-burgueses y hombres de clase media en protesta por el hambre, la pobreza, la injusticia y la incapacidad del gobierno para conducir los asuntos de la guerra franco-prusiana que terminó con la cesión de la Alsacia y parte de la Lorena a Alemania— y tras asumir el control de la municipalidad proclamó el “Estado obrero” bajo los ideales democráticos, antiautoritarios y anticlericales. Inmediatamente organizó un gobierno revolucionario dividido en diez comisiones de trabajo para las distintas áreas de gestión pública. El marxista Leo Frankel fue nombrado delegado de los asuntos obreros y la comisión de enseñanza estuvo presidida por Edouard Vaillant.
El fugaz gobierno revolucionario en los setenta días de ejercicio del poder, a pesar de que no tuvo tiempo de elaborar un programa realizable y coherente y hubo además de soportar muchos desgarramientos internos por las contradicciones de sus protagonistas, tomó una serie de medidas radicales. Decretó la separación de la Iglesia y el Estado, implantó el laicismo en la educación, suprimió la gran propiedad privada, canceló las deudas por arrendamiento de viviendas, confiscó todos los bienes inmuebles desocupados, dispuso el rescate gratuito de los objetos depositados en los montes de piedad a cambio de préstamos, estableció la jornada laboral de diez horas, prohibió el trabajo nocturno de los obreros, abolió las multas y retenciones sobre el salario, convirtió en cooperativas a las empresas abandonadas por sus dueños.
Alentadas por el ejemplo de París se realizaron iguales movilizaciones populares en Lyon, Saint-Etienne, Marsella, Le Creusot, Limoges y otras ciudades con el fin de organizar comunas populares en lugar del Estado tradicional pero fracasaron en su intento de tomar el poder. De modo que la Comuna de París quedó aislada. A eso se debió la fugacidad de su gobierno.


El jefe del régimen depuesto Adolphe Thiers y su ejército de cien mil hombres, que se habían refugiado en Versalles, se entendieron con las tropas de ocupación prusianas que un año antes habían vencido en la guerra contra Francia y atenazaron a la commune por el norte y el este. La consigna era someter a sangre y fuego a los insurgentes. Después de sangrientos combates los soldados de Thiers entraron a París el 20 de mayo. Los obreros y el pueblo levantaron barricadas para la defensa de la ciudad. Se combatió barrio por barrio. Los jefes comuneros arengaron a la multitud y casi todos ellos murieron en la lucha. La resistencia fue heroica pero fueron vencidos. La venganza de los vencedores fue implacable: varios miles de comuneros murieron in situ frente a los pelotones de fusilamiento y muchos más fueron detenidos. Mataron a todo individuo —obrero, artesano y hombre de clase media— sospechoso de haber apoyado a la comuna.
Terminó así este efímero gobierno de los trabajadores parisienses —del 18 de marzo al 28 de mayo— que fue la primera tentativa de la revolución proletaria para quebrar la máquina del Estado burgués.

Aporte de Gonzo.

domingo, 17 de mayo de 2015

La Comuna de Paris...







En 1871 Francia fue derrotada en la guerra con Prusia, por lo que el gobierno tuvo que negociar los detalles de la paz  y afrontar el problema de volver a controlar Paris, con el desarme de la Guardia Nacional. Y los prusianos todavía ocupaban el norte de Francia, como seguro para el pago de las indemnizaciones de guerra que Francia había aceptado pagar como condición para la paz. Para hacer frente al primer pago de las indemnizaciones y asegurar la evacuación de las tropas prusianas de Francia, el gobierno francés elevó los impuestos.. Y por encima de todo, como París era el corazón de la nación, tuvo que ser puesta bajo el control del gobierno nacional.
París, sin embargo, permaneció desafiante. No aceptaría una derrota pues a la gente  no le gustó nada que el gobierno capitulara ante los prusianos. La resistencia patriótica  y la Guardia Nacional de París permanecieron alertas, listas para resistir cualquier intento de los prusianos para entrar en París. Los cañones abandonados se llevaron a varias partes de la ciudad. Fueron aquellos cañones traídos a los distritos de la clase obrera los que se convirtieron en el asunto crítico. Los hombres de negocios publicaban panfletos constantemente que decían que las operaciones financieras sólo comenzarían otra vez cuando los miserables fueran aniquilados y los cañones recuperados.
Y fue el intento del gobierno por capturar las armas de la Guardia Nacional, el sábado muy temprano, lo que detonó la revolución. El plan era ocupar los puntos estratégicos de la ciudad, capturar las armas y arrestar a los revolucionarios conocidos.Al principio, la ciudad estaba dormida y todo iba Pero pronto las masas despertaron y comenzaron a enfrentarse a los soldados. La Guardia Nacional comenzó a ceder, pero no porque apoyara a las tropas del gobierno, sino porque no sabían qué hacer. Las tropas regulares que todavía estaban esperando a que llegaran los transportes para cargar las armas a enfrentarse a los soldados, se vieron pronto superadas en número. Los sucesos dieron un giro serio en Montmartre cuando las tropas se negaron a disparar a la muchedumbre y en vez de eso arrestaron a su propio comandante, quien fue más tarde fusilado. Pronto en toda la ciudad los oficiales se dieron cuenta de que ya no podían confiar en sus hombres. Por la tarde el presidente  Thiers y sus ministros abandonaron la capital,dictando la orden de evacuación del ejército a Versalles. La retirada del ejército a Versalles fue caótica. Las tropas se insubordinaron y ni los gendarmes pudieron mantener algo de orden. Tan apresurada fue la retirada que varios regimientos fueron olvidados en París (unos 20.000 soldados). Los oficiales fueron cogidos prisioneros, mientras que unos 1.500 hombres, dejados atrás sin órdenes, se sentaron a esperar el período de la Comuna.
A las once de la noche el comité central de la Guardia Nacional reunido en asamblea decidió tomar el abandonado edificio del ayuntamiento, mientras que otros oficiales y hombres de la Guardia Nacional ocupaban los restantes edificios públicos de la capital.
Fueron los blanquistas quienes tomaron la iniciativa cuando Brunell llevó al dubitativo Bellevois (cabeza del comité de la Guardia Nacional) al abandonado ayuntamiento. Cuando el comité central llegó al fin a la alcaldía, reinaba la más absoluta confusión, la Guardia Nacional y los soldados erraban por la ciudad y nadie tenía autoridad para mandarles. Esta revolución fue una insurrección espontánea en toda la capital, sin que hubiera una dirección central ni ningún comité de la Guardia Nacional.
Los comités de Duval, Eudes, Brunel y todos los de Montmartre estaban a favor de marchar sobre Versalles, sin embargo los blanquistas no fueron escuchados. Los insurgentes encontraron París listo para la toma de Versalles, pero la Guardia Nacional pugnó por "legalizar" su situación invistiéndose con el poder que tan inesperadamente había caído en sus manos. En lugar de seguir el camino por el que el ejército había escapado a Versalles, como los blanquistas urgían al comité, entraron en negociaciones con el único cuerpo constitucional que quedaba en la ciudad, la alcaldía, para solicitar la convocatoria de elecciones. Como un comunero preguntó el día de las votaciones: "¿Qué significa la legalidad en tiempos de revolución?" Este intento por volver a la legalidad trajo moderación a los revolucionarios. Muchos miembros del comité central quedaron desconcertados por esa autoridad.


Se dejó a  Edourard Moreau, la tarea de persuadir al comité central, entre los gritos de "Viva la Comuna", de que siguiera ocupando el ayuntamiento al menos durante unos días hasta que las elecciones municipales tuvieran lugar.
Ocho días después París tuvo unas elecciones con 227.000 votos emitidos. Esto sólo era la mitad del total del censo, pero este censo se remontaba a antes de la guerra, desde entonces había habido una gran reducción de población. Este éxodo benefició a las áreas de "clase obrera", ya que eran las que menos se habían reducido. También se adoptó un sistema proporcional de representación que dio más representación a los densamente poblados barrios obreros que el sistema anterior. Los resultados marcaron un enorme giro a la izquierda, sólo se eligieron entre quince y veinte republicanos moderados, que pronto dimitieron.
Los distritos de las clases populares eran los que más apoyaban a la Comuna. La lista de comités de vigilancia que había atraído pocos votos en las elecciones nacionales de hacía un mes se encontró con la mayoría. Esto no ocurrió por una repentina conversión a la posición socialista revolucionaria sino debido a que la mayoría republicana de París quería ahora votar por la Comuna como voto defensivo contra Thiers y la monárquica Asamblea Nacional de Versalles. En los distritos de clase obrera la victoria tenía un significado más preciso, se esperaba que ahora se hiciera un trabajo más serio para favorecer a los excluidos por los gobiernos anteriores.
La Comuna se instaló formalmente en el ayuntamiento dos días después del glorioso levantamiento de primavera, el 28 de marzo. Los batallones de la Guardia Nacional se reunieron en asamblea, se leyeron los nombres de los elegidos en las votaciones y, vestidos de rojo, subieron los escalones del Hôtel de Ville (ayuntamiento) bajo un toldo presidido por un busto de la República. En lo alto ondeaba la bandera roja, como lo había hecho desde el 18 de marzo, y los cañones saludaron la proclamación de la Comuna de París.

La Comuna se compuso finalmente de 81 miembros, la media de edad era de 38 años y todos ellos carecían de experiencia política. Sus debates eran a menudo dispersos,  y a veces se desataban agrias discusiones personales que llevaban a una disputa mayor. La Comuna carecía de educación política. Esto era especialmente serio porque había que ganar una guerra civil para sobrevivir. unque fue en cuestiones tales como la educación o la reforma de las condiciones laborales, debido a la experiencia sindical de varios de sus miembros, donde la Comuna mostró sus efectos positivos.
Blanqui, como revolucionario experimentado, podía haber provisto a la Comuna de más cohesión política, pero fue detenido por la policía y pasó la segunda revolución de su vida en prisión.
Charles Deleschulz fue la figura más notable  en sentarse en la Comuna. Él había sido un jacobino radical en la revolución de 1848 hasta que fue forzado a exiliarse y fue apresado cuando intentó volver secretamente. Sin embargo, los años de cárcel en la Isla del Diablo habían arruinado su salud. Sólo podía hablar con una voz graznante y permanecer por encima de las peleas personales y disputas en la Comuna hasta que se vio llamado a desempeñar un digno pero trágico papel al final, caminando deliberadamente hacia la muerte en una barricada donde hoy está la plaza de la República.
18 miembros de la Comuna provenían de los barrios de clase media. En total unos 30 miembros de la Comuna se podrían clasificar como de provincias, la mitad de ellos eran periodistas de la prensa republicana. El resto incluía a tres médicos, sólo tres abogados, tres maestros, un veterinario, un arquitecto y once relacionados con el comercio.
Unos 35 miembros eran trabajadores manuales o estaban implicados en la política revolucionaria. Eran artesanos de pequeños talleres que instauraron las asociaciones obreras de la capital. Típicos de este grupo eran los trabajadores del cobre, carpinteros, decoradores y libreros.
Unos 40 miembros habían estado implicados en el movimiento obrero francés y la mayoría de ellos se habían unido a la Internacional. Su experiencia en las asociaciones obreras les había vuelto  anarquistas, muy recelosos hacia el poder político y habían orientado su pensamiento hacia las tendencias anarquistas de apoyo mutuo, (llevaban más de la tradición de Proudhon que de la de Bakunin). Unos 12 miembros de la Comuna eran blanquistas. Su principal esperanza para salvar la revolución era liberar a Blanqui, o intercambiarle por algún rehén... de los que el arzobispo de París era el más notable.
La Comuna se instauró el 28 de marzo y el 2 de abril las tropas de Thiers comenzaron su ataque. Al principio la Comuna se reunía en secreto en un "Consejo de Guerra", sin embargo el secretismo no era lo que se esperaba de una asamblea general. El comité central de 20 distritos, la International y algunos de los clubes populares presionaron a la Comuna para que hicieran públicas sus sesiones. Cediendo a estas presiones, la Comuna aceptó publicar sus debates en el Diario Oficial. Sin embargo, se hizo difícil encontrar suficiente espacio para tanta gente (los espectadores) y el problema nunca se resolvió del todo.
Las teorías que se formularon en 1871 estaban basadas en las ideas de 1793, en la soberanía popular: Aquellos que fuesen elegidos para representar al pueblo iban a actuar como delegados, no como miembros del Parlamento. En particular los clubes populares reclamaron que la soberanía tenía que recaer en ellos tanto como en él. Los habían sido elegidos por el pueblo estaban sujetos a la revocación de su cargo por parte del pueblo y era una obligación de los elegidos permanecer en constante contacto con las fuentes de soberanía popular en los clubes donde se hacían charlas en estrecho contacto con el pueblo.

La política de la Comuna, tomó las demandas de los veinte años precedentes. Se cancelaron los alquileres de propiedad durante el período de asedio, pero la propiedad privada nunca fue expropiada por falta de tiempo. Después de muchos debates se dio un plazo de tres años para pagar impuestos y facturas pendientes a los burgueses. Estas medidas impactaron a la opinión burguesa de fuera de París. La Comuna instauró una bolsa de desempleo en cada ayuntamiento (cada distrito de París tiene un ayuntamiento, que se juntan en el Hôtel de Ville) y abolió el trabajo nocturno de los panaderos con la oposición de los patronos. La cuestión social más urgente a la que se enfrentó la Comuna fue la del desempleo y adoptó el paso radical de permitir la libre asociación de trabajadores y las cooperativas obreras para tomar las fábricas y hacerlas funcionar otra vez. Para el 14 de mayo se habían formado 43 cooperativas productoras entre las industrias artesanales de la ciudad.
En el campo de la educación, el principal esfuerzo se puso en dar educación elemental para todos. El movimiento de reformas estaba totalmente en contra de las escuelas de la Iglesia, que representaban más de la mitad de las escuelas de París.




















La Guardia Nacional  desahució a los curas y a las monjas y los reemplazarlos por maestras y maestros laicos. Se dio una atención especial a la educación de la mujer, que habían sido olvidadas hasta entonces. Se formó una comisión especial de mujeres, para supervisar el establecimiento de escuelas para chicas. Se propusieron guarderías de día situadas cerca de las fábricas para ayudar a la mujer trabajadora. Ninguno de estos esquemas dieron frutos. Hubo demasiado poco tiempo y había que ganar la guerra.
Más importante que cualquier medida articular era la propia existencia de la Comuna como un gobierno que incluía una proporción importante de trabajadores y que se esforzaba seriamente para mejorar la vida de la mayoría de la población.
Thiers y sus ministros de Versalles no tenían ninguna duda de que la Comuna de París era una declaración de cambio social que debía ser aplastada por la guerra civil. Este punto de vista era compartido fuera de Francia, la existencia de la Comuna encolerizó a la burguesía europea. El zar ruso presionó  para el gobierno de Versalles usara de la represión más violenta posible de la comuna porque era "un peligro absoluto para Francia y Europa" y Bismarck amenazó con emplear al ejército prusiano si Thiers no se daba prisa en reprimir. La naturaleza anarquista de la Comuna se puede ver en esas ganas de reprimirla, tanto desde la derecha como desde la izquierda.
El aspecto más sorprendente de la Comuna era la naturaleza festiva de París; era el festival de los oprimidos. La atmósfera de la capital no era la de una ciudad en guerra; la ciudad tenía todos los signos de estar simplemente de fiesta.
Pero pronto el buen ambiente se volvió funesto. Los funerales de los guardias nacionales muertos en combate se convirtieron en grandes manifestaciones por toda la ciudad, solían estar encabezados por miembros de la Comuna y eran impresionantes los susurros de la muchedumbre. Otro momento dramático fue cuando los masones se reunieron en la Comuna y marcharon con sus estandartes, nunca se habían visto antes dentro de los muros de la ciudad, luego enviaron una delegación para pedir a Thiers que respetara al pueblo francés, cosa que éste no escuchó.
Fueron enormes ceremonias de masas la quema de una guillotina y la demolición de la Columna de Vendôme (un símbolo del imperio) y la mayoría de la población se implicó activamente en los asuntos públicos, ya fuera en el ámbito del distrito o en el de toda la ciudad... Incluso en el mismo día en el que las fuerzas de Versalles entraron en París, domingo 21 de mayo, había una enorme muchedumbre en los jardines de las Tullerías escuchando una serie de conciertos para ayuda de las viudas y los huérfanos de la guerra...

Ese día,avisada, la Comuna se fortificó con fuerzas suficientes como para resistir durante otros dos meses, sin embargo las fuerzas del gobierno entraron en París, a lo que siguió una semana de sangrientas luchas callejeras, y muy amargas porque ya los parisinos no podían pensar en la victoria.puesto que no se habían hecho preparativos para repeler a las tropas del ejército y la segunda línea de defensa no existía. Los encargados de levantar las barricadas habían sido tan metódicos, y lentos, que existían muy pocas en la ciudad. Durante la noche y el lunes por la mañana, las tropas del gobierno entraron en París por cinco puertas diferentes. Ocuparon rápidamente dos distritos burgueses del sudeste de la ciudad. Desde ahí se hizo un ataque por las dos orillas del Sena simultáneamente, un gran número de hombres se dirigió por los bulevares a los distritos revolucionarios y sus barricadas. Para la mañana del 22 de mayo el tercio oeste de París estaba en manos del gobierno, después de una ardua lucha se habían rendido 1.500 guardias nacionales.
La Comuna se reunió a las nueve de la mañana, se encontraban veinte miembros en el Hôtel de Ville, se mandó poner carteles instando a los ciudadanos a tomar las armas en las barricadas.
Se levantaron barricadas muy rápidamente en el centro de París. En la calle de Rivoli, cincuenta masones construyeron en unas pocas horas una barricada de seis metros de anchura y varios de altura. Bandadas de niños traían carretadas de tierra y las prostitutas de Les Halles ayudaban a llenar los sacos. Se levantaron más de 160 barricadas en el primer día, más de 600 en total. La mayoría eran de dos metros de alto y estaban construidas con piedras del pavimento sacadas de las calles con palancas de metal, una base de madera, un cañón o una ametralladora y una bandera rojinegra ondeando en lo alto.
Las barricadas de la calle Gaubourg estaban hechas de colchones de un almacén cercano, traídos por mujeres. Otras eran simplemente obstrucciones de la calle con carretas cruzadas, ladrillos, bolsas de arena o cualquier cosa. Todo el que pasaba por ahí era obligado a echar una mano. En la plaza Blanch un batallón de 120 mujeres levantó la legendaria barricada que defenderían vigorosamente el martes hasta ser masacradas después de su caída. Algunos al ver perdido todo, se retiraron  a sus hogares diciendo que preferían morir en sus propios barrios... Y así fueron cayendo las barricadas una a una.
La mañana del martes las tropas de Versalles atravesaron la zona neutral de las afueras de París, los prusianos miraron para otro lado, y entraron en París por otra puerta capturando otros dos barrios de la ciudad.
Monumento construido con las piedras originales del muro en la plaza Samuel de Champlain, junto al Père Lachaise.
Las masacres empezaron a sucederse según avanzaba la semana, 42 hombres, 3 mujeres y 4 niños fueron fusilados en una pared, se improvisó un tribunal militar en una casa de la calle de Rosiers y durante el resto de la semana centenares de prisioneros fueron fusilados. El martes por la noche los comuneros comenzaron a quemar algunos edificios que amenazaban la seguridad de las barricadas, podían apostarse tiradores en ellos. Toda la calle Rivoli fue pasto de las llamas, el Palacio de Tuluise y el Ministerio de Finanzas también ardieron. Se enviaron equipos de bomberos para extinguirlos pero no tuvieron éxito, y montones de documentos ardieron extendiendo por toda la ciudad una fina lluvia de papel chamuscado. El viento llevó fragmentos hasta Saint Germain, a 15 Km., y la gente se agolpaba para ver el espectáculo de París ardiendo. La barricada no fue tomada hasta la mañana del miércoles, una de las últimas en caer fue una mujer que desafió a las tropas con una bandera negra...




Unos 30 defensores fueron cogidos prisioneros y fusilados, y sus cuerpos tirados enfrente de la barricada. El miércoles a las ocho de la mañana se decidió abandonar el Hôtel de Ville y se le prendió fuego para cubrir la retirada. París en llamas era y todavía es la imagen más característica que fue propagada de la Comuna, la lista de edificios destruidos era enorme, comprensiblemente algunos edificios, como la prefectura de policía y el Palacio de Justicia fueron incendiados por la Comuna, pero los más lo fueron por los obuses de Versalles. Se extendieron rumores, infundados o malintencionados, sobre mujeres que incendiaban los sótanos, debido a estos rumores muchas mujeres inocentes fueron fusiladas. Sin embargo muchos comuneros sabían que iba a ser su último suspiro y querían llevarse París con ellos.
Según se extendían las noticias de la masacre, la gente comenzaba a presionar para que se ejecutara a los rehenes, en venganza por las masacres que se estaban sucediendo en París. Ferres, gobernador de la prisión no firmó la orden para entregar al arzobispo, que era el que pedía el pueblo pero el secretario de Ferres dió la contraorden y finalmente el cura fue fusilado.
Mientras tanto, en las calles de París estaba ocurriendo una matanza más indiscriminada; cada vez que caía una barricada, los defensores eran puestos contra una pared y fusilados; 300 cayeron así en el santuario de la Madeleine. El seminario junto a Saint-Suplice había sido convertido en hospital, las tropas de Versalles llegaron y se pusieron a disparar a todos los médicos, enfermeras y pacientes dejando 80 cadáveres, lo mismo pasó en el hospital Beaujon. La batalla por el Barrio Latino duró dos días, el martes y el miércoles. Durante el jueves y el viernes los comuneros se retiraron, perdiendo el control de la ciudad.

El sábado por la mañana amaneció con niebla y lloviendo por segundo día consecutivo. Una de las últimas luchas tuvo lugar en el cementerio Père-Lachaise, donde unos 200 guardias nacionales habían fallado en establecer un sistema de defensa adecuado. El ejército abrió la puerta y hubo un duro cuerpo a cuerpo alrededor de las tumbas, bajo una pesada lluvia y una luz agonizante. Aquellos que no murieron en la lucha fueron alineados en la esquina este del cementerio y fusilados. Las matanzas continuaron durante varios días más. La última barricada, construida en un cuarto de hora, estaba defendida por un sólo hombre. Disparó su último cartucho y murió como todos, fusilado. Para el domingo 28 de mayo la Comuna había desaparecido...





Si la batalla había terminado, los fusilamientos no. La victoria de Versalles se convirtió rápidamente en un baño de sangre, cualquiera que había estado conectado con la Comuna de alguna forma, o que estaba en el lugar equivocado en el momento más inoportuno, fue fusilado. Todos los parisinos estaban bajo sospecha, de hecho eran culpables. Esta reacción de los oficiales muestra el movimiento hacia la derecha que había tenido lugar en el ejército francés.
Murieron más personas durante la última semana de mayo que durante todas las batallas de la guerra franco-prusiana, y que en ninguna masacre anterior de la historia francesa. El Terror de la Revolución Francesa había provocado unos 19.000 muertos en año y medio. No hay cifras exactas, pero en la región unos 30.000 parisinos murieron en esos días, comparados con las pérdidas de Versalles de 900 muertos y 6.500 heridos...
Hubo alrededor de 50.000 detenidos. Los que escaparon fueron al exilio de Suiza, Bélgica, Gran Bretaña o más lejos. Dos de ellos terminaron casándose con las hijas de Marx en Gran Bretaña. Como Marx escribió a Engels: "Longuet es el último proudhoniano, Lafargue es el último bakuninista. Que el diablo se los lleve".
Nueve años después se concedió una amnistía general. Fue como resultado de una victoria electoral republicana y "socialista", culminando con la elección de un zapatero, ex-miembro de la Comuna de París, como diputado socialista por Belleville. Justo antes, 25.000 personas habían respondido a la llamada de los socialistas y, a pesar de los ataques de la policía, se había conmemorado por primera vez la Comuna en el

Muro de los federados del cementerio Père-Lachaise.
Las consecuencias inmediatas de la derrota de la Comuna fueron desastrosas para el movimiento obrero francés, ya que a la masacre siguió un período de severa represión. París permaneció bajo la ley marcial durante cinco años y la Internacional fue puesta fuera de la ley. Armados con nuevos poderes políticos, los policías estuvieron muy activos acosando y deteniendo a los activistas, que eran condenados a duras penas de prisión por nimiedades...Y los líderes más activos de la clase obrera estaban muertos, presos o en el exilio.Y así fue que La Internacional dejó virtualmente de existir...


.

lunes, 11 de mayo de 2015

domingo, 10 de mayo de 2015

El buen ánimo...









El buen ánimo es ese estado emocional excelentede una persona que le brinda una gran fuerza moral y una energía gozosa que le impulsan a la acción. Es el ánimo esa intención o voluntad que nos llena el espíritu de entusiásmo por los actos cotidianos de nuestra vida.
El ánimo es aliento, vitalidad, alma y energía, y por ello es esencial en la vida de toda persona. Cuando una persona está animada se halla con la energía viva y, al contrarío, cuando está desanimada se encuentra sin alma o energía. Entonces está desvitalizado, se siente mal, experimenta pereza, indolencia, desmayo y desaliento, le falta motivación y nada despierta su interés. Uno de los síntomas más evidentes de la depresión es la falta de energía, y por contra, es signo de madurez psíquica una consistente vitalidad y un ánimo más equilibrado y estable.

Hay que cuidar la vitalidad como un don muy precioso. Cuando se perturba el tono vital en exceso sobrevienen trastornos psíquicos y afectivos, como la depresión o, incluso, físicos. Se pierde mucha energía mediante los apegos y los aborrecimientos, las expectativas irrealizables, las preocupaciones y los enfados, las fricciones y las inútiles autoexigencias. La paciencia y la ecuanimidad, así como el contento, la benevolencia y la compasión, permiten ciudar nuestra vitalidad.

La acción consciente y la atención en la vida cotidiana proporcionan ánimo, porque la consciencia es energía, intensidad y vitalidad. Es necesario saber alimentarse vitalmente de los acontecimientos ordinarios y las pequeñas pero hermosas cosas de la vida cotidiana. Buscar lo feo y lo malo nos debilita, y superar los daños nos fortalece,así que por eso jamás debemos perder el entusiásmo de vivir...



.
.

sábado, 9 de mayo de 2015

Coraje...










Muchos de nuestros miedos son tan delgados como una fina hoja de papel, y un simple paso dado con coraje, nos haría atravesarlos, porque el coraje es la capacidad de reencontrar esa fuente de energía que nos hace posible iniciar o reiniciar una tarea, o levantarnos después de un revés de la vida, desde el convencimiento de que todo obstáculo es, por su propia naturaleza, salvable y necesario para el aprendizaje, y todo dolor, transitorio.
Muchos sujetos sobreviven malamente su vida presos de una serie de miedos que les impiden tomar las riendas de su destino y llevar a cabo la acción que les de la dicha, y como consecuencia jamás llegan a salir de su mediocridad. Pero los miedos, en cualquiera de sus versiones, pueden ser vencidos en la mayoría de las ocasiones con  una simple decisión. Esa decisión fundamental en la vida se llama Coraje.
El coraje es una de las mas importantes cualidades humanas, porque es la cualidad que garantiza la persistencia de todas las demás.
Aclaro aqui que a veces al coraje,lo confundimos con el enfado. A menudo muchas personas utilizan esta palabra para expresar un sentimiento oprimido que les desagrada sobremanera,pero eso se llama irritación o enfado y aunque parte de esa misma energía espiritual del Coraje para realizar algo, no es el enfado mas que un desperdicio de esa energía vital.
El coraje es una virtud humana, que se puede definir como la fuerza de voluntad que puede poseer una persona para llevar adelante una acción a pesar de los impedimentos. El coraje es la habilidad de sobreponerse a dichos impedimentos y perseverar probablemente con la acción que se pretendía realizar. El coraje o la valentía consiste en enfrentarse a situaciones valiosas e importantes de manera que superes el miedo a fracasar en ellas; también se entiende como la fuerza o pundonor por hacer algo por alguien o por ti mismo. Lo contrario al coraje es la cobardía, que es el miedo a hacer algo llevándonos a la parálisis espiritual.


Y esto da a pensar cuantas vidas se tornarían mucho mas plenas fruto simplemente de esa decisión de poner esa energía del coraje como punto de referencia en sus vidas.
Por supuesto que todos tenemos temores internos, pero la gran diferencia reside en lo que hacer respecto a ellos. Debemos tener el  animo a dar el paso definitivo que romperá nuestros miedos. El paso que mos permitirá destruir de una vez por todas todos esos prejuicios y flojeras,eso temores y complejos que nos mantienen limitados, mediocres,pusilánimes... Todo lo que necesitamos es una decisión sencilla pero comprometida. La decisión de poner el coraje como una de nuestras cualidades de referencia.
El simple hecho de tomar esa decisión, y dar ese paso, nos abrirá nuevos horizontes de objetivos que ahora puede que parezcan increíbles.


Y es que el coraje nos ayuda a sentirnos bien y orgullos de nosotros al realizar algo que nos cuesta o nos da miedo. Por lo tanto, es importante superar nuestras adversidades cuando realmente lo necesitamos.
Por ejemplo,el coraje físico se opone al dolor físico, el trabajo pesado o la posibilidad de recibir lesiones o muerte. El coraje moral permite actuar correctamente a pesar de recibir por ello descrédito, vergüenza, deshonor o represalias sociales.
Cuando nos parece que las cosas andan mal, como a veces nos sucede, y el camino que recorremos lo encontramos cuesta arriba y lleno de penurias, podemos hacer un alto y descansar, pero nunca cejar. Rara es la vida, con sus vueltas y revueltas, pero todos con el tiempo aprendemos que más de un fracaso puede ser un triunfo si nos armamos de coraje en vez de claudicar. Debemos caminar nuestro camino  y aunque el andar sea lento tal vez cumplamos nuestro propósito con sólo un esfuerzo más... Por eso,aunque todo parezca en contra,hay que llenarnos de coraje y  jamás cejar...



.

jueves, 7 de mayo de 2015

Los resignados...








Los resignados son aquellos sujetos que sumisos, aceptan todo lo  negativo  que le sucede, y no hacen nada para luchar en contra de eso que no les gusta o les daña. Los resignados se han rendido ante la vida.
Y es que la resignación es una de las actitudes más comunes en  la sociedad católica y capitalista,que hace que sus miembros se vean inmersos en un complejo sistema de rutinas, exigencias, deberes y ocupaciones de los cuales es muy difícil librarse. Así, ante la permanente necesidad de seguir las rutinas y mandatos sociales los sujetos más cobardes y mas conformistas,se someten a ese  destino impuesto por otros,porque simplemente no tienen ganas ni cojones suficientes para luchar por sus anhelos y en contra aquello que les oprime.
En diferentes épocas el ser humano ha sabido rebelarse no sólo ante situaciones cotidianas si no también ante estructuras sociales, políticas y culturales, generando cambios tan profundos que la sociedad nunca volvió a ser igual. Un ejemplo claro de esto puede ser la Revolución Francesa, uno de los momentos históricos más cruciales para occidente ya que significó un cambio de paradigma no sólo político si no también social y cultural. Sin embargo,los pueblos resignados a las matanzas,al abuso, al despojo,son pueblos indignos de la historia y han claudicado a su futuro.
Por ello,la resignación es como una asesina de muchos sueños y utopías,porque los resignados se la pasan de problema en problema, sólo por el hecho de que están avasallados por sus fracasos.
Es algo paradójico, ya que estos sujetos se sienten  mal con su vida, pero es que sí están mal, es justamente por resignarse.
Pasa que los resignados temen salir de su zona de confort, y acomodados e ella,aunque sea plena de carencias, no se exponen a lo nuevo, pues creen que "mas vale malo por conocido..." y eso les impide ver que tienen posibilidades de mejorar sus vidas...
La resignación de estos sujetos les lleva a pensar que está bien ser explotado,tener carencias,ser gordo, ser desamado, o ser ignorante.
Y es que la resignación les ayuda,suponen ellos,a atenuar el dolor sicológico que conlleva el fracaso,la enfermedad,la pobreza,la ignorancia,sin pensar que,saliendo un poquito de la zona de confort,  se puede luchar contra todo eso.enfrentando la realidad,y cambiándola.
Cierto es que cada día las cosas se ponen más difíciles. El trabajo no abunda, las relaciones afectivas son un desastre, el dinero no llega, el ecosistema está desequilibrado. Son tantas las dificultades, que a pesar de intentarlo una vez y todas las demás, parece que la única alternativa  es resignarse, acorazarnos contra nuestra propia naturaleza y contra la miseria social que nos rodea. Pero sucede que  este acorazamiento,es la base de la soledad, del desamparo, del insaciable deseo de autoridad, del miedo a la responsabilidad, de la angustia, de la miseria sexual, de la rebelión impotente,y es que la resignación  es una aceptación artificial, un conformismo patológico.
Resignarse es sentarse a ver cómo se va la vida sin disfrutarla.
Porque aunque parezca la única actitud viable, es el primer paso para ceder a la derrota de nuestra alma, a su propia destrucción. Y es que la resignación atenta contra todo lo vivo, causando estragos no sólo en  nuestra autoestima,sino en nuestra libertad y en nuestra dignidad.
Y es que los resignados suelen aparentar una humidad-falsa- escondiendo tras ella, su cobardía, o el temor a su propia incapacidad de hacerse responsables de sí mismos, es decir, de hacerse cargo de su placer y de su displacer. Porque la alegría de vivir no es posible sin una lucha interna para experimentar también las vivencias dolorosas. La tristeza, el duelo, la frustración, la rabia, hacen parte del juego y, como tales, tendrían que tener un lugar al nivel de la alegría y del éxito para ser expresadas con naturalidad.
Pero los resignados no quieren otra cosa que su tranquilidad, pero se equivocan: eso que viven en sometimiento y temor no es tranquilidad,es solamente una muerte en vida,progresiva y contradictoria con la naturaleza humana.




Aclaremos aqui que no es lo mismo resignarse, que aceptar una situación frustrante.  Se puede recibir voluntaria y activamente una experiencia, y esto es muy diferente a conformarse o someterse. La aceptación está relacionada con la objetividad y el sentido común, la resignación es la incapacidad de luchar,la cobardía, la flojera... Y es que las dos actitudes tienen  consecuencias diametralmente opuestas. La resignación conlleva la culpa y de la culpabilización, de la queja permanente por lo que los demás hicieron o dejaron de hacer para estar pasándolo tan mal.
La aceptación es la capacidad de asumir la realidad, sea cual sea, manteniendo la integridad y las ganas de continuar viviendo.
La lucha racional, la manifestación de la indignación frente a la injusticia y la búsqueda de vías sanas y creativas de expresión de la rabia y de la frustración, son maneras de proteger la dignidad que naturalmente nos pertenece.
Los resignados no son tolerantes ni pacientes, son simplemente conformistas y miedosos. Porque las personas pacientes y tolerantes no se someten a la voluntad de otros ni renuncian a sus principios, a sus derechos o a sus sueños.
Lo mismo,tampoco son estoicos,porque una persona estoica acata la realidad,si,pero sin perder la dignidad, porque el estoicismo no es ni rendición, ni sumisión,ni mansedumbre...
Y es que los resignados eluden la responsabilidad de sús actos, y esconden sus fracasos en la "voluntad" de dios,o el destino,o la mala suerte, o lo mala que es la gente...Y no aceptan que el destino o el futuro podría ser superior si se enfrentaran a sus fracasos y se esforzaran para cambiar su "mal sino".
Pero los resignados piensan que nada cambia, que nada se puede hacer para vivir de otro modo, y que vivimos condenados a que las cosas permanezcan como están...Por eso los resignados viven oprimidos por una frustración permanente, sin buscar alternativas, mutilando sus aspiraciones, sintiendose impotentes ante todo, siempre pesimistas, envidiosos y padeciendo de una constante  desesperanza aprendida.

Y por ello,los resignados se conforman con todo: se resignan a los prejucios, a los daños, y a las desgracias,en una especie de círculo vicioso,pues cuando les acontece un mal, ese mismo mal les da la "razón" : "así es la vida" se dicen.
 Los resignados han renunciado a su derecho a la vida, a la libertad, a mejorar, a ser felices y a vivir en paz. La historia nos enseña que cuando un pueblo se resigna a lo peor, sucede el genocidio. Por tanto, cuando hablamos de derechos humanos y de los valores intrínsecos a la humanidad, la palabra resignación no cabe, no tiene validez. Hay que tener aunque sea un poco de valor para luchar por lo que amamos,y para cambiar lo que nos dañe...



.
.


miércoles, 6 de mayo de 2015

Escurrir el bulto...


Vivimos en un mundo polucionado y nos hemos acostumbrado a ello. Sobre todo en las grandes ciudades, el nivel de contaminación ambiental crece día a día, pero como no queremos abandonarlas porque allí seguimos anclados por las obligaciones que nos impone el propio sistema, simplemente nos hemos ido adaptando a esa situación. Nuestros organismos han creado anticuerpos y, casi naturalmente, nos acomodamos a lo antinatural.
Sin embargo, la contaminación no se reduce al ambiente físico, sino que se expande a los planos psicológicos y mentales, enrareciendo las vivencias humanas hasta puntos mórbidos.
La suciedad psicológica se manifiesta en emociones burdas que se introducen por todos los resquicios de la vida. La violencia, la agresividad, el egoísmo a ultranza, parecen ser las medidas habituales en la mayoría de las sociedades. Al principio provocaban grandes sufrimientos -y los siguen provocando- pero si antes uno se preguntaba hasta dónde era capaz de aguantar sin estallar, hoy hemos creado "anticuerpos" para defendernos y seguir adelante como se pueda. Ciertamente nos acosa la inseguridad, el temor, la indefensión, pero los anticuerpos han generado una forma de indiferencia que lo parece, pero no es tal. Esa frialdad con que aceptamos las mayores crueldades con que desayunamos día a día gracias a los medios de información, es una manera de resistir, de decirse "a mí todavía no me tocará, o me tocará más adelante, o tal vez nunca...".



¿Y qué hacer con la corrupción que se presenta inesperadamente en cualquier rincón, hasta en los que considerábamos conocidos y a buen recaudo? Otra vez la indiferencia, esquivar el bulto, seguir caminando como si no hubiésemos visto nada, porque intuimos que nuestra protesta, además de estéril, resultaría dañina para nuestra seguridad. Hay quienes entran en el juego, justificándolo; otros se hacen a un lado tratando de no enfermarse. De una u otra forma, los anticuerpos nos hacen ver como casi normal lo que, en conciencia, nos espantaría de vergüenza.
Las ideas que predominan en la actualidad también están atacadas por diversos virus. En principio, no es corriente tener ideas, pensar; antes bien, hay un conjunto bastante escaso de conceptos reconocidos por la opinión pública, hábilmente manipulada, y a falta de otra cosa, eso es lo que todos creemos pensar. Ante la enfermedad, una vez más han aparecido los "anticuerpos": asimilar esas ideas -si es que merecen llamarse así- y rechazar cualquier otra que se le oponga. En el fondo, esa pasividad no es saludable; es apenas un reconocimiento subconsciente de que no hemos aprendido a razonar por nuestros medios y de que, aunque intentáramos hacerlo, nos señalarían como locos.
En tal situación, nos quedan dos opciones: resignarnos a la mutación, encadenando generaciones humanas cada vez más artificiales y adaptadas a la polución deformante, o rechazarla buscando los remedios para limpiar el aire, los sentimientos y las ideas. Esta última tarea es harto difícil: hay que enfrentarse a una suciedad que nos ahoga y que nos resta fuerzas para abrirnos paso. Pero vale la pena,porque resignarse es escurrir el bulto cobardemente.
No sé si lo que padece nuestro mundo es una disfunción en los sentidos o en la sensibilidad. Aparentemente la estructura humana está lo bastante provista de tacto, oído, vista, gusto y olfato como para desenvolverse bien y cubrir sus necesidades. Eso me lleva a pensar que lo que falla está en la sensibilidad, en el uso que hacemos de los sentidos y en la percepción anímica y conciencial de lo que percibimos.


Hoy lo habitual es ver sin mirar. Los ojos funcionan, ven, pero pasan por encima de las cosas sin darles significado. Nos hemos acostumbrado a las imágenes más tristes, más degradantes, más horrorosas y salvajes, en directo o en las pantallas de cine y televisión, tanto como para que en general la vida nos resulte una ficción que no nos incumbe más que de soslayo y por momentos.
Alrededor nuestro se suceden a diario escenas que deberían conmovernos y obligarnos a reaccionar... pero no. Todo da igual. Nada importa oír gritos y llantos en las casas de los vecinos, ver mendigos desarrapados en la calle, cómo alguien golpea o roba impunemente a otro, extranjeros sin destino que vagan de un sitio a otro hasta que caen en la fácil vía del delito... Vemos sin mirar, sin intervenir, como si la gente fuera irreal o invisible, como si nosotros mismos estuviéramos en una burbuja impenetrable.
Por otro lado, las guerras, la miseria, los juegos políticos, la corrupción, destruyen los pueblos de manera imparable, mientras los organismos internacionales creados para evitar desastres, envían observadores... de esos que ven sin mirar. Las asépticas administraciones nacionales mantienen reuniones en una ciudad o en otra y emiten largas declaraciones con las consabidas repulsas y veladas amenazas de intervención que no se cumplen salvo que los intereses económicos sean demasiado fuertes.
Pero es que ni siquiera sabemos mirar dentro nuestro; los ojos sólo valen para ver hacia fuera, y la ausencia de captación afecta tanto en lo externo como en lo interno. La mayoría convivimos sin conocernos en absoluto. Así pasan los años sin que las ilusiones y los sueños de la juventud puedan convertirse en realidad, porque no hay una mirada viva y activa que los lleva a los hechos en base a entusiasmo y voluntad. Al contrario, las mejores aspiraciones se van destruyendo y se dejan morir en nombre de esa especial ceguera de ojos abiertos incapaces de percibir.
Actuar contra esa ceguera resignada tal vez sea tan sencillo como tomar posesión y hacer un uso debido de aquello que nos corresponde por naturaleza, empezando por aprender a resumir todos los sentidos y la sensibilidad en una mirada inteligente: ojos con corazón y mente.

Aporte del Sensei


.