domingo, 17 de mayo de 2015

La Comuna de Paris...







En 1871 Francia fue derrotada en la guerra con Prusia, por lo que el gobierno tuvo que negociar los detalles de la paz  y afrontar el problema de volver a controlar Paris, con el desarme de la Guardia Nacional. Y los prusianos todavía ocupaban el norte de Francia, como seguro para el pago de las indemnizaciones de guerra que Francia había aceptado pagar como condición para la paz. Para hacer frente al primer pago de las indemnizaciones y asegurar la evacuación de las tropas prusianas de Francia, el gobierno francés elevó los impuestos.. Y por encima de todo, como París era el corazón de la nación, tuvo que ser puesta bajo el control del gobierno nacional.
París, sin embargo, permaneció desafiante. No aceptaría una derrota pues a la gente  no le gustó nada que el gobierno capitulara ante los prusianos. La resistencia patriótica  y la Guardia Nacional de París permanecieron alertas, listas para resistir cualquier intento de los prusianos para entrar en París. Los cañones abandonados se llevaron a varias partes de la ciudad. Fueron aquellos cañones traídos a los distritos de la clase obrera los que se convirtieron en el asunto crítico. Los hombres de negocios publicaban panfletos constantemente que decían que las operaciones financieras sólo comenzarían otra vez cuando los miserables fueran aniquilados y los cañones recuperados.
Y fue el intento del gobierno por capturar las armas de la Guardia Nacional, el sábado muy temprano, lo que detonó la revolución. El plan era ocupar los puntos estratégicos de la ciudad, capturar las armas y arrestar a los revolucionarios conocidos.Al principio, la ciudad estaba dormida y todo iba Pero pronto las masas despertaron y comenzaron a enfrentarse a los soldados. La Guardia Nacional comenzó a ceder, pero no porque apoyara a las tropas del gobierno, sino porque no sabían qué hacer. Las tropas regulares que todavía estaban esperando a que llegaran los transportes para cargar las armas a enfrentarse a los soldados, se vieron pronto superadas en número. Los sucesos dieron un giro serio en Montmartre cuando las tropas se negaron a disparar a la muchedumbre y en vez de eso arrestaron a su propio comandante, quien fue más tarde fusilado. Pronto en toda la ciudad los oficiales se dieron cuenta de que ya no podían confiar en sus hombres. Por la tarde el presidente  Thiers y sus ministros abandonaron la capital,dictando la orden de evacuación del ejército a Versalles. La retirada del ejército a Versalles fue caótica. Las tropas se insubordinaron y ni los gendarmes pudieron mantener algo de orden. Tan apresurada fue la retirada que varios regimientos fueron olvidados en París (unos 20.000 soldados). Los oficiales fueron cogidos prisioneros, mientras que unos 1.500 hombres, dejados atrás sin órdenes, se sentaron a esperar el período de la Comuna.
A las once de la noche el comité central de la Guardia Nacional reunido en asamblea decidió tomar el abandonado edificio del ayuntamiento, mientras que otros oficiales y hombres de la Guardia Nacional ocupaban los restantes edificios públicos de la capital.
Fueron los blanquistas quienes tomaron la iniciativa cuando Brunell llevó al dubitativo Bellevois (cabeza del comité de la Guardia Nacional) al abandonado ayuntamiento. Cuando el comité central llegó al fin a la alcaldía, reinaba la más absoluta confusión, la Guardia Nacional y los soldados erraban por la ciudad y nadie tenía autoridad para mandarles. Esta revolución fue una insurrección espontánea en toda la capital, sin que hubiera una dirección central ni ningún comité de la Guardia Nacional.
Los comités de Duval, Eudes, Brunel y todos los de Montmartre estaban a favor de marchar sobre Versalles, sin embargo los blanquistas no fueron escuchados. Los insurgentes encontraron París listo para la toma de Versalles, pero la Guardia Nacional pugnó por "legalizar" su situación invistiéndose con el poder que tan inesperadamente había caído en sus manos. En lugar de seguir el camino por el que el ejército había escapado a Versalles, como los blanquistas urgían al comité, entraron en negociaciones con el único cuerpo constitucional que quedaba en la ciudad, la alcaldía, para solicitar la convocatoria de elecciones. Como un comunero preguntó el día de las votaciones: "¿Qué significa la legalidad en tiempos de revolución?" Este intento por volver a la legalidad trajo moderación a los revolucionarios. Muchos miembros del comité central quedaron desconcertados por esa autoridad.


Se dejó a  Edourard Moreau, la tarea de persuadir al comité central, entre los gritos de "Viva la Comuna", de que siguiera ocupando el ayuntamiento al menos durante unos días hasta que las elecciones municipales tuvieran lugar.
Ocho días después París tuvo unas elecciones con 227.000 votos emitidos. Esto sólo era la mitad del total del censo, pero este censo se remontaba a antes de la guerra, desde entonces había habido una gran reducción de población. Este éxodo benefició a las áreas de "clase obrera", ya que eran las que menos se habían reducido. También se adoptó un sistema proporcional de representación que dio más representación a los densamente poblados barrios obreros que el sistema anterior. Los resultados marcaron un enorme giro a la izquierda, sólo se eligieron entre quince y veinte republicanos moderados, que pronto dimitieron.
Los distritos de las clases populares eran los que más apoyaban a la Comuna. La lista de comités de vigilancia que había atraído pocos votos en las elecciones nacionales de hacía un mes se encontró con la mayoría. Esto no ocurrió por una repentina conversión a la posición socialista revolucionaria sino debido a que la mayoría republicana de París quería ahora votar por la Comuna como voto defensivo contra Thiers y la monárquica Asamblea Nacional de Versalles. En los distritos de clase obrera la victoria tenía un significado más preciso, se esperaba que ahora se hiciera un trabajo más serio para favorecer a los excluidos por los gobiernos anteriores.
La Comuna se instaló formalmente en el ayuntamiento dos días después del glorioso levantamiento de primavera, el 28 de marzo. Los batallones de la Guardia Nacional se reunieron en asamblea, se leyeron los nombres de los elegidos en las votaciones y, vestidos de rojo, subieron los escalones del Hôtel de Ville (ayuntamiento) bajo un toldo presidido por un busto de la República. En lo alto ondeaba la bandera roja, como lo había hecho desde el 18 de marzo, y los cañones saludaron la proclamación de la Comuna de París.

La Comuna se compuso finalmente de 81 miembros, la media de edad era de 38 años y todos ellos carecían de experiencia política. Sus debates eran a menudo dispersos,  y a veces se desataban agrias discusiones personales que llevaban a una disputa mayor. La Comuna carecía de educación política. Esto era especialmente serio porque había que ganar una guerra civil para sobrevivir. unque fue en cuestiones tales como la educación o la reforma de las condiciones laborales, debido a la experiencia sindical de varios de sus miembros, donde la Comuna mostró sus efectos positivos.
Blanqui, como revolucionario experimentado, podía haber provisto a la Comuna de más cohesión política, pero fue detenido por la policía y pasó la segunda revolución de su vida en prisión.
Charles Deleschulz fue la figura más notable  en sentarse en la Comuna. Él había sido un jacobino radical en la revolución de 1848 hasta que fue forzado a exiliarse y fue apresado cuando intentó volver secretamente. Sin embargo, los años de cárcel en la Isla del Diablo habían arruinado su salud. Sólo podía hablar con una voz graznante y permanecer por encima de las peleas personales y disputas en la Comuna hasta que se vio llamado a desempeñar un digno pero trágico papel al final, caminando deliberadamente hacia la muerte en una barricada donde hoy está la plaza de la República.
18 miembros de la Comuna provenían de los barrios de clase media. En total unos 30 miembros de la Comuna se podrían clasificar como de provincias, la mitad de ellos eran periodistas de la prensa republicana. El resto incluía a tres médicos, sólo tres abogados, tres maestros, un veterinario, un arquitecto y once relacionados con el comercio.
Unos 35 miembros eran trabajadores manuales o estaban implicados en la política revolucionaria. Eran artesanos de pequeños talleres que instauraron las asociaciones obreras de la capital. Típicos de este grupo eran los trabajadores del cobre, carpinteros, decoradores y libreros.
Unos 40 miembros habían estado implicados en el movimiento obrero francés y la mayoría de ellos se habían unido a la Internacional. Su experiencia en las asociaciones obreras les había vuelto  anarquistas, muy recelosos hacia el poder político y habían orientado su pensamiento hacia las tendencias anarquistas de apoyo mutuo, (llevaban más de la tradición de Proudhon que de la de Bakunin). Unos 12 miembros de la Comuna eran blanquistas. Su principal esperanza para salvar la revolución era liberar a Blanqui, o intercambiarle por algún rehén... de los que el arzobispo de París era el más notable.
La Comuna se instauró el 28 de marzo y el 2 de abril las tropas de Thiers comenzaron su ataque. Al principio la Comuna se reunía en secreto en un "Consejo de Guerra", sin embargo el secretismo no era lo que se esperaba de una asamblea general. El comité central de 20 distritos, la International y algunos de los clubes populares presionaron a la Comuna para que hicieran públicas sus sesiones. Cediendo a estas presiones, la Comuna aceptó publicar sus debates en el Diario Oficial. Sin embargo, se hizo difícil encontrar suficiente espacio para tanta gente (los espectadores) y el problema nunca se resolvió del todo.
Las teorías que se formularon en 1871 estaban basadas en las ideas de 1793, en la soberanía popular: Aquellos que fuesen elegidos para representar al pueblo iban a actuar como delegados, no como miembros del Parlamento. En particular los clubes populares reclamaron que la soberanía tenía que recaer en ellos tanto como en él. Los habían sido elegidos por el pueblo estaban sujetos a la revocación de su cargo por parte del pueblo y era una obligación de los elegidos permanecer en constante contacto con las fuentes de soberanía popular en los clubes donde se hacían charlas en estrecho contacto con el pueblo.

La política de la Comuna, tomó las demandas de los veinte años precedentes. Se cancelaron los alquileres de propiedad durante el período de asedio, pero la propiedad privada nunca fue expropiada por falta de tiempo. Después de muchos debates se dio un plazo de tres años para pagar impuestos y facturas pendientes a los burgueses. Estas medidas impactaron a la opinión burguesa de fuera de París. La Comuna instauró una bolsa de desempleo en cada ayuntamiento (cada distrito de París tiene un ayuntamiento, que se juntan en el Hôtel de Ville) y abolió el trabajo nocturno de los panaderos con la oposición de los patronos. La cuestión social más urgente a la que se enfrentó la Comuna fue la del desempleo y adoptó el paso radical de permitir la libre asociación de trabajadores y las cooperativas obreras para tomar las fábricas y hacerlas funcionar otra vez. Para el 14 de mayo se habían formado 43 cooperativas productoras entre las industrias artesanales de la ciudad.
En el campo de la educación, el principal esfuerzo se puso en dar educación elemental para todos. El movimiento de reformas estaba totalmente en contra de las escuelas de la Iglesia, que representaban más de la mitad de las escuelas de París.




















La Guardia Nacional  desahució a los curas y a las monjas y los reemplazarlos por maestras y maestros laicos. Se dio una atención especial a la educación de la mujer, que habían sido olvidadas hasta entonces. Se formó una comisión especial de mujeres, para supervisar el establecimiento de escuelas para chicas. Se propusieron guarderías de día situadas cerca de las fábricas para ayudar a la mujer trabajadora. Ninguno de estos esquemas dieron frutos. Hubo demasiado poco tiempo y había que ganar la guerra.
Más importante que cualquier medida articular era la propia existencia de la Comuna como un gobierno que incluía una proporción importante de trabajadores y que se esforzaba seriamente para mejorar la vida de la mayoría de la población.
Thiers y sus ministros de Versalles no tenían ninguna duda de que la Comuna de París era una declaración de cambio social que debía ser aplastada por la guerra civil. Este punto de vista era compartido fuera de Francia, la existencia de la Comuna encolerizó a la burguesía europea. El zar ruso presionó  para el gobierno de Versalles usara de la represión más violenta posible de la comuna porque era "un peligro absoluto para Francia y Europa" y Bismarck amenazó con emplear al ejército prusiano si Thiers no se daba prisa en reprimir. La naturaleza anarquista de la Comuna se puede ver en esas ganas de reprimirla, tanto desde la derecha como desde la izquierda.
El aspecto más sorprendente de la Comuna era la naturaleza festiva de París; era el festival de los oprimidos. La atmósfera de la capital no era la de una ciudad en guerra; la ciudad tenía todos los signos de estar simplemente de fiesta.
Pero pronto el buen ambiente se volvió funesto. Los funerales de los guardias nacionales muertos en combate se convirtieron en grandes manifestaciones por toda la ciudad, solían estar encabezados por miembros de la Comuna y eran impresionantes los susurros de la muchedumbre. Otro momento dramático fue cuando los masones se reunieron en la Comuna y marcharon con sus estandartes, nunca se habían visto antes dentro de los muros de la ciudad, luego enviaron una delegación para pedir a Thiers que respetara al pueblo francés, cosa que éste no escuchó.
Fueron enormes ceremonias de masas la quema de una guillotina y la demolición de la Columna de Vendôme (un símbolo del imperio) y la mayoría de la población se implicó activamente en los asuntos públicos, ya fuera en el ámbito del distrito o en el de toda la ciudad... Incluso en el mismo día en el que las fuerzas de Versalles entraron en París, domingo 21 de mayo, había una enorme muchedumbre en los jardines de las Tullerías escuchando una serie de conciertos para ayuda de las viudas y los huérfanos de la guerra...

Ese día,avisada, la Comuna se fortificó con fuerzas suficientes como para resistir durante otros dos meses, sin embargo las fuerzas del gobierno entraron en París, a lo que siguió una semana de sangrientas luchas callejeras, y muy amargas porque ya los parisinos no podían pensar en la victoria.puesto que no se habían hecho preparativos para repeler a las tropas del ejército y la segunda línea de defensa no existía. Los encargados de levantar las barricadas habían sido tan metódicos, y lentos, que existían muy pocas en la ciudad. Durante la noche y el lunes por la mañana, las tropas del gobierno entraron en París por cinco puertas diferentes. Ocuparon rápidamente dos distritos burgueses del sudeste de la ciudad. Desde ahí se hizo un ataque por las dos orillas del Sena simultáneamente, un gran número de hombres se dirigió por los bulevares a los distritos revolucionarios y sus barricadas. Para la mañana del 22 de mayo el tercio oeste de París estaba en manos del gobierno, después de una ardua lucha se habían rendido 1.500 guardias nacionales.
La Comuna se reunió a las nueve de la mañana, se encontraban veinte miembros en el Hôtel de Ville, se mandó poner carteles instando a los ciudadanos a tomar las armas en las barricadas.
Se levantaron barricadas muy rápidamente en el centro de París. En la calle de Rivoli, cincuenta masones construyeron en unas pocas horas una barricada de seis metros de anchura y varios de altura. Bandadas de niños traían carretadas de tierra y las prostitutas de Les Halles ayudaban a llenar los sacos. Se levantaron más de 160 barricadas en el primer día, más de 600 en total. La mayoría eran de dos metros de alto y estaban construidas con piedras del pavimento sacadas de las calles con palancas de metal, una base de madera, un cañón o una ametralladora y una bandera rojinegra ondeando en lo alto.
Las barricadas de la calle Gaubourg estaban hechas de colchones de un almacén cercano, traídos por mujeres. Otras eran simplemente obstrucciones de la calle con carretas cruzadas, ladrillos, bolsas de arena o cualquier cosa. Todo el que pasaba por ahí era obligado a echar una mano. En la plaza Blanch un batallón de 120 mujeres levantó la legendaria barricada que defenderían vigorosamente el martes hasta ser masacradas después de su caída. Algunos al ver perdido todo, se retiraron  a sus hogares diciendo que preferían morir en sus propios barrios... Y así fueron cayendo las barricadas una a una.
La mañana del martes las tropas de Versalles atravesaron la zona neutral de las afueras de París, los prusianos miraron para otro lado, y entraron en París por otra puerta capturando otros dos barrios de la ciudad.
Monumento construido con las piedras originales del muro en la plaza Samuel de Champlain, junto al Père Lachaise.
Las masacres empezaron a sucederse según avanzaba la semana, 42 hombres, 3 mujeres y 4 niños fueron fusilados en una pared, se improvisó un tribunal militar en una casa de la calle de Rosiers y durante el resto de la semana centenares de prisioneros fueron fusilados. El martes por la noche los comuneros comenzaron a quemar algunos edificios que amenazaban la seguridad de las barricadas, podían apostarse tiradores en ellos. Toda la calle Rivoli fue pasto de las llamas, el Palacio de Tuluise y el Ministerio de Finanzas también ardieron. Se enviaron equipos de bomberos para extinguirlos pero no tuvieron éxito, y montones de documentos ardieron extendiendo por toda la ciudad una fina lluvia de papel chamuscado. El viento llevó fragmentos hasta Saint Germain, a 15 Km., y la gente se agolpaba para ver el espectáculo de París ardiendo. La barricada no fue tomada hasta la mañana del miércoles, una de las últimas en caer fue una mujer que desafió a las tropas con una bandera negra...




Unos 30 defensores fueron cogidos prisioneros y fusilados, y sus cuerpos tirados enfrente de la barricada. El miércoles a las ocho de la mañana se decidió abandonar el Hôtel de Ville y se le prendió fuego para cubrir la retirada. París en llamas era y todavía es la imagen más característica que fue propagada de la Comuna, la lista de edificios destruidos era enorme, comprensiblemente algunos edificios, como la prefectura de policía y el Palacio de Justicia fueron incendiados por la Comuna, pero los más lo fueron por los obuses de Versalles. Se extendieron rumores, infundados o malintencionados, sobre mujeres que incendiaban los sótanos, debido a estos rumores muchas mujeres inocentes fueron fusiladas. Sin embargo muchos comuneros sabían que iba a ser su último suspiro y querían llevarse París con ellos.
Según se extendían las noticias de la masacre, la gente comenzaba a presionar para que se ejecutara a los rehenes, en venganza por las masacres que se estaban sucediendo en París. Ferres, gobernador de la prisión no firmó la orden para entregar al arzobispo, que era el que pedía el pueblo pero el secretario de Ferres dió la contraorden y finalmente el cura fue fusilado.
Mientras tanto, en las calles de París estaba ocurriendo una matanza más indiscriminada; cada vez que caía una barricada, los defensores eran puestos contra una pared y fusilados; 300 cayeron así en el santuario de la Madeleine. El seminario junto a Saint-Suplice había sido convertido en hospital, las tropas de Versalles llegaron y se pusieron a disparar a todos los médicos, enfermeras y pacientes dejando 80 cadáveres, lo mismo pasó en el hospital Beaujon. La batalla por el Barrio Latino duró dos días, el martes y el miércoles. Durante el jueves y el viernes los comuneros se retiraron, perdiendo el control de la ciudad.

El sábado por la mañana amaneció con niebla y lloviendo por segundo día consecutivo. Una de las últimas luchas tuvo lugar en el cementerio Père-Lachaise, donde unos 200 guardias nacionales habían fallado en establecer un sistema de defensa adecuado. El ejército abrió la puerta y hubo un duro cuerpo a cuerpo alrededor de las tumbas, bajo una pesada lluvia y una luz agonizante. Aquellos que no murieron en la lucha fueron alineados en la esquina este del cementerio y fusilados. Las matanzas continuaron durante varios días más. La última barricada, construida en un cuarto de hora, estaba defendida por un sólo hombre. Disparó su último cartucho y murió como todos, fusilado. Para el domingo 28 de mayo la Comuna había desaparecido...





Si la batalla había terminado, los fusilamientos no. La victoria de Versalles se convirtió rápidamente en un baño de sangre, cualquiera que había estado conectado con la Comuna de alguna forma, o que estaba en el lugar equivocado en el momento más inoportuno, fue fusilado. Todos los parisinos estaban bajo sospecha, de hecho eran culpables. Esta reacción de los oficiales muestra el movimiento hacia la derecha que había tenido lugar en el ejército francés.
Murieron más personas durante la última semana de mayo que durante todas las batallas de la guerra franco-prusiana, y que en ninguna masacre anterior de la historia francesa. El Terror de la Revolución Francesa había provocado unos 19.000 muertos en año y medio. No hay cifras exactas, pero en la región unos 30.000 parisinos murieron en esos días, comparados con las pérdidas de Versalles de 900 muertos y 6.500 heridos...
Hubo alrededor de 50.000 detenidos. Los que escaparon fueron al exilio de Suiza, Bélgica, Gran Bretaña o más lejos. Dos de ellos terminaron casándose con las hijas de Marx en Gran Bretaña. Como Marx escribió a Engels: "Longuet es el último proudhoniano, Lafargue es el último bakuninista. Que el diablo se los lleve".
Nueve años después se concedió una amnistía general. Fue como resultado de una victoria electoral republicana y "socialista", culminando con la elección de un zapatero, ex-miembro de la Comuna de París, como diputado socialista por Belleville. Justo antes, 25.000 personas habían respondido a la llamada de los socialistas y, a pesar de los ataques de la policía, se había conmemorado por primera vez la Comuna en el

Muro de los federados del cementerio Père-Lachaise.
Las consecuencias inmediatas de la derrota de la Comuna fueron desastrosas para el movimiento obrero francés, ya que a la masacre siguió un período de severa represión. París permaneció bajo la ley marcial durante cinco años y la Internacional fue puesta fuera de la ley. Armados con nuevos poderes políticos, los policías estuvieron muy activos acosando y deteniendo a los activistas, que eran condenados a duras penas de prisión por nimiedades...Y los líderes más activos de la clase obrera estaban muertos, presos o en el exilio.Y así fue que La Internacional dejó virtualmente de existir...


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