lunes, 25 de mayo de 2015

Reflexión triste...








Sáquense de nosotros las infamias. Que nos duelen al respirar. Cedamos el paso al amor, al amor universal. Sacúdete el polvo que cubre tu cuerpo. Lávalo despacio, que no quede siquiera, una gota de iniquidad. Limpio y oloroso, un aroma natural.

Parásitos pútridos no se acercaran. Se volverán locos, desorientados. Al no saber de donde viene, éste cálido y limpio aire de solidaridad universal. Para los pobres, los oprimidos, los marginados de la gleba. Construyamos un cielo sin dioses. Ni cóncavo ni convexo, simplemente lineal. Píntese en él un planeta. Liguemos el más bello azul con el rojo de la sangre: el planeta se vestirá de verde.

Coloquemos con delicadeza a la luna en el mejor sitio del espacio. Donde nos lleguen sus influencias. Que no sean solos las plantas las que se aprovechen en su germinal de los cuartos menguante de Selene. Reunirnos todos de frente a la salida de la Aurora. Que el Sol se sorprenda ante nuestro descaro. Este Sol, poderoso, infinitamente brillante, parpadeará un instante ante nuestra preclara y solidaria “luz”. Y sonriendo dirá: ¡por fin ya ha llegado su hora!.

Ya los humanos no se hablan chillando. Se hablan despacio, con amor, sin descanso. Ya se han reunidos los silencios callados. En la fragua de la vida, ya se está forjando. El sol, la tierra, el aire, el mar la lluvia. Para decirle hasta nunca a la vieja noche.

Con paciencia y lealtad han limados sus aristas, pero queda aún tosquedad, asperezas, deficiencias. Más todo entrará en armonía, cuando todos, al unísono, tomemos plena conciencia.

Los Océanos son anchos, húmedos, salados. ¿Se habrán hecho salobre, por las lagrimas derramada por los humildes pobres, los oprimidos, los desdichados? Según los opulentos los pobres hemos llegado demasiado tarde al gran banquete de la vida.

¿Son los poemas maldiciones? Ya no caeré en le trampa del pesimismo. Caí con demasiada frecuencia. Manuscrito en pulcro papel, escrito con la tinta roja de la sangre. Para reír mejor: llora de felicidad.

Ya no estamos en peligro de extinción. El viento, que es el aire en movimiento, con su plena libertad, llevará éste nuevo polen de la vida al lugar más recóndito de éste mundo nuestro.

Abrirá caminos nuevos, sin ortigas ni zarzales. Será como un verde prado, colchón mullido de ensueños.

Mientras exista el hambre que nadie se sienta ahíto. O nos ponemos todos a morir o acabamos con los ricos. Hemos cruzado a nado el infinito universo (digo a nado, porque hemos utilizados los brazos, no somos ángeles somos humanos) buscando al “buen” dios. Y no lo hemos encontrados.



...Más no estamos desilusionados, porque sabemos ya de verdad que dios  fue un mito: por los hombres creado, para, que los opulentos vivieran felices a costa de los desheredados.

Aquí se acabó la historia de esta triste reflexión. Hagamos un mundo más justo para que todos vivamos mejor. Ya que todos somos humanos, hagamos ese mundo nuevo, que en los corazones llevamos.


Aporte de Mozz

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