jueves, 18 de junio de 2015

Una tarde en el zoo...






Toda una vida de confinamiento y privaciones entre rejas, siendo tratados como objetos, con la manipulación de todos los aspectos de su vida, hora tras hora, día tras día; el constante estrés por el tránsito de visitantes… No es muy difícil ponerse en su lugar y ver la injusticia de todo esto. Pero si nos venden que es necesario, que es educativo y divertido...podemos llegar a creer que la mirada triste de la elefanta es así porque la naturaleza lo quiso? ...Que la sonrisa del delfín se debe a que está feliz en su piscina?

Como muchos de los animales encerrados, la elefanta y el delfín establecen en la naturaleza fuertes vínculos sociales que se mantienen de por vida. Está demostrado que, cuando son capturados, no sólo ellos recuerdan y echan en falta a su grupo, sino que en su mundo queda una familia rota, o masacrada por la cacería. Lo mismo sucede cuando les obligan a reproducirse en cautividad para luego vender o matar a sus crías.
Cuando los animales ya no son útiles, vuelven a desaparecer en el entramado de comercio e intercambio, se modifica su nombre si han sido problemáticos, se “donan” para experimentación o, directamente, son “sacrificados”. En febrero de 2014 dieron la vuelta al mundo las imágenes de un bebé de jirafa llamado Marius asesinado en el Zoo de Copenaghe. A pesar de que estaba perfectamente sano y otras instituciones se habían ofrecido a acogerlo, este zoológico decidió hacer pública su política de “es nuestro y hacemos con él lo que queremos”. Tras dispararle, “celebraron” la autopsia delante de varios niños, y alimentaron a los leones con los restos. Unos días después, mataron a algunos de esos leones para acoger a unos más jóvenes que estaban por llegar...
Los zoológicos se basan en un menoscabo de la dignidad de los animales no humanos, aprovechando y de paso legitimando la concepción generalizada (y arbitraria) sobre ellos como seres intrínsecamente inferiores a nosotros, cuya capacidad de sentir, sufrir y experimentar emociones es irrelevante porque no son humanos, porque están clasificados en otra especie.

Es muy frecuente que los animales encerrados en zoos y acuarios se rebelen y traten de fugarse. Hay miles de historias de simios que han escapado, leonas que se han lanzado sobre sus cuidadores u orcas que han matado a sus entrenadoras con asombrosa deliberación, aunque claramente no son historias que a los zoos les convenga contar. Para empezar, puede dar la imagen de que estos lugares no son tan seguros para pasar la tarde con los niños. Pero, sobre todo, invalida su coartada de que allí los animales están bien, sus necesidades están cubiertas, no padecen por el encierro y no tienen un sentido de la diferencia entre estar encerrado y ser libre. Nada más lejos de la realidad.
En la publicidad de los grandes zoos y acuarios puede encontrarse infinidad de información sobre cómo sería la vida de los animales en su hábitat; pero pocas veces o nunca se explica cómo les han sacado de ese hábitat, cómo han sido capturados o criados y trasladados, cuáles son para ellos/as las consecuencias del encierro. No existe ningún rigor científico en explicar a través del cautiverio cómo es la vida en libertad.
Algunos de los animales que hay en los zoos han nacido en libertad, han sido capturados siendo crías mediante sedación o trampas, lo que muchas veces implica que sus madres y otros miembros de su grupo han sido asesinados. El comercio y el tráfico de animales mueve 8.000 millones de dólares al año, y según el ensayo Animal Underworld de Alan Green (1999) funciona de forma tan compleja (a veces alegal o suponiendo una mera falta administrativa), que la conexión entre el origen, el proveedor y el destino final se pierde con frecuencia.
El Zoo de Madrid, por ejemplo, compró a su elefanta Samy del Selwo Safari Park de Estepona. Antes, Samy era “propiedad” del Zoo de Lisboa.  Según la base de datos www.elephant.se, llegó a Lisboa desde India, donde había sido capturada a los 4 años, no se sabe cómo. Unos meses después de llegar a Madrid (embarazada, tampoco se sabe cómo) dio a luz a Buba. Fue una gran noticia en 2013, anunciada a bombo y platillo por toda España, al igual que el nacimiento del oso panda. Normalmente los animales encerrados se niegan a reproducirse. Están en un entorno ajeno, con los ritmos biológicos alterados, grupos sociales que no han elegido y con los que no convivirían en la naturaleza… Así que los zoos llevan a cabo programas de reproducción mediante técnicas de fertilidad e inseminación artificial. Cuando tienen éxito, tienen una nueva noticia, un reclamo para el público, una nueva coartada: la perpetuación de las especies en peligro. Y un nuevo individuo con el que comerciar...
Ya sea porque las han capturado, o porque las han obligado a nacer entre rejas, el Zoo no es el hábitat natural ni de Samy, ni de Buba. Los decorados pueden estar diseñados para dar al público esa impresión; pero cuando cierran las puertas y se apagan las luces, la mayoría duermen en una jaula. Por mucho que pretendan cuidarles y satisfacer sus necesidades primarias, lo que hacen realmente es mantenerlos con vida todo el tiempo posible, siempre y cuando les resulte rentable.

Durante ese tiempo padecen, como mínimo, carencias espaciales y sociales con respecto a sus necesidades como individuos y a las particularidades naturales de su especie. Hasta el 80% de los animales encerrados desarrollan algún signo de “zoocosis”, que es el nombre que se le da a cualquier tipo de manifestación de sufrimiento psicológico por parte de un animal no humano (balancearse compulsivamente, vagar en círculos, morder los barrotes, etc.). También es frecuente el desarrollo de enfermedades psicosomáticas causadas por el estrés, así como de dolencias y síntomas puramente físicos provocados por el encierro, el hacinamiento, los ataques entre ellos (debidos en gran parte a problemas territoriales por la falta de espacio), los entrenamientos, el cambio de clima, la calidad del agua en el caso de animales marinos, etc. La esperanza de vida en estos lugares, en la mayoría de los casos, es mucho menor de lo que sería en la naturaleza,y su calidad de vida es nula...
Respecto a la excusa de la conservación, es insostenible que la salvación de una especie consista en mantener a sus individuos encerrados.





Sencillamente, no se puede solucionar un problema creando otro. Más allá de la controversia que pueda causar la idea de que para un individuo su libertad es algo más importante y tangible que la perpetuación de su especie, o de que es preferible no existir a existir para ser un esclavo, el hecho es los zoos, acuarios y circos son una de las principales causas de que se cacen estos animales, se esquilmen sus especies y se destruya su medio. Por otro lado, en caso de que llegaran a la extinción, para repoblarlos se necesitaría una gran variedad de genes viables. En los zoos, por el contrario, prima la endogamia, y prefieren tener pocos individuos de cada clase, ya que la variedad atrae más público.
En cualquier caso, el futuro de las especies en peligro está en la concienciación sobre el respeto hacia sus hábitats y hacia los animales como individuos, no en mantenerlos en una jaula...



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