miércoles, 29 de julio de 2015

Consciencia...









Tener consciencia es la capacidad de darse cuenta. Es  percibir el mundo, y percibirse, con total transparencia y sin la distorsión de las creencias, opiniones, prejuicios, emociones, sentimientos, deseos, proyecciones, expectativas o del propio ego. Esa transparencia se inicia con la desidentificación y el desapego y es el fundamento de una vida ética.
Porque la conciencia es el conocimiento que tenemos de nosotros mismos y del mundo exterior, es el rasgo distintivo de la vida mental, lo que nos permite darnos cuenta de lo que ocurre y permanecer alerta ante la realidad. Es el resultado de la acción simultánea de una amplia serie de hechos. Se basa en una facultad de percepción que extrae directamente información del mundo exterior a través de los sentidos, e indirectamente a través de los recuerdos almacenados en la memoria.





Cuando se toma conciencia, el individuo tiene una percepción y una valoración nítidas de sí mismo, de los demás y de las cosas que le rodean: dicho de otra forma, su conciencia está lúcida. Lucidez y claridad son sinónimos que se utilizan para definir la situación normal de la conciencia.
La conciencia se mantiene alerta mientras el individuo está despierto. Con el letargo del sueño se va relajando progresivamente hasta que le queda adormecida. Durante el sueño normal, los elementos psíquicos de la conciencia se mantienen en reposo o se encuentran modificados; así, al dormir el subconsciente se expresa a través de los sueños. En el estado consciente, los estímulos del exterior se integran en el sistema nervioso central. Las estructuras anatómicas que regulan este proceso son la corteza cerebral, el hipotálamo y el sistema reticular, que determinan conjuntamente el fenómeno de despertar, el mantenimiento del estado de vigilia y el sueño.
La conciencia puede afectarse e irse deteriorando progresivamente, hasta llegar a la inconsciencia. Un primer estado es la somnolencia, situación similar a la necesidad de dormir por la fatigabilidad de las funciones psíquicas, sobre todo de la atención. Cuando se acentúa, aparece el sopor, en el que el sujeto sólo responde a estímulos intensos. El coma es el grado máximo, en el que no hay respuesta consciente a ningún estímulo psíquico.






Existen entorpecimientos parciales de la conciencia, como la obnubilación. El sujeto obnubilado tiene una percepción confusa y borrosa del mundo exterior y de sí mismo, comprende lentamente, de forma incompleta, y suele tener dificultades para recordar lo ocurrido durante ese período. Cuando a esto se añade patología psíquica en forma de ilusiones y alucinaciones, aparece la confusión mental, en la que el sujeto no es capaz de diferenciar lo real de lo que deriva de su estado patológico.

Los estados crepusculares son una forma particular de alteración de la conciencia, en ellos se estrecha el campo de la conciencia, toda la actividad consciente se centra exclusivamente en un objeto o grupo de objetos, fuera de los cuales el sujeto actúa como un autómata.
Las alteraciones de la conciencia derivan de problemas biológicos y psicológicos. Algunas sustancias tóxicas, enfermedades cerebrales como la encefalitis, o las hemorragias subaracnoideas, o los tumores pueden alterar la conciencia en mayor o menor grado. Los trastornos psicológicos y determinadas enfermedades psiquiátricas, como la ansiedad, la angustia, la depresión, la esquizofrenia, ciertas neurosis y la histeria pueden provocar también alteraciones de la conciencia.




El alcohol,por ejemplo. es un fuerte alterador de la conciencia. De 30 a 60 g de whisky reducen lo suficiente la percepción consciente como para transformar a un individuo tenso, ansioso y ligeramente deprimido en un despreocupado, o en un violento. El alcohol bloquea las inhibiciones y hace desaparecer la autocrítica, una persona borracha puede incluso exponer su vida sin tener la menor idea de lo que está haciendo.
A mayor cantidad de alcohol se reduce el funcionamiento cerebral al estado de embriaguez manifiesta. Aparece el habla poco clara, paso inseguro, se reduce el control sobre las emociones y la conducta. En esta situación de consciencia disminuida ocurren muchos accidentes mortales, suicidios y asesinatos. Cuando las dosis de alcohol aumentan, se entra en un estado de estupor, caracterizado por la relativa incapacidad del individuo para responder a los estímulos del ambiente. Si los niveles de alcohol en la sangre siguen aumentando, se puede llegar al estado de coma —el coma etílico—, en el que el sujeto corre incluso peligro de muerte, haciéndose necesaria la respiración asistida.
Pero también se entume la consciencia cuando nuestra mente se expone cotidianamente al bombardeo de publicidad,o mensajes ideológicos directos al inconsciente,como pueden ser los emitidos por la televisión, y otros medios, que aletargan el pensamiento lúcido de las personas,a tal que pueden dejarse llevar a fiebres consumistas, odios xenófobos o raciales, o sumisión social generalizada.

Y ese letargo en el que cae nuestra consiencia nos impide ver el real sentido de los hechos, o los límites de nuestro trabajo,y nuestras obligaciones,de tal modo que podemos ser explotados sin que nadie emita un gritillo de protesta. Adormecida la consciencia pensamos que es absurda y obsoleta la necesidad del conocimiento y de la vida ética, y cumplimos los juiciossobre la vida y la conducta que los poderosos nos dictan . La consciencia es una sociedad vacía y egoísta,compuesta por soledades y egos,listos para comprar y presumir en las redes "su vida" trivial. Y eso es todo,mientras los individuos consuman productos ,trabajen para producir productos,y vuelvan a comprar más productos...





...Y el amor? Y la bondad? Y el arte...? Preguntarse por ello,es abrir nuestra consciencia. Porque la consciencia es lucidez. De ella brota la comprensión clara, el entendimiento correcto, la visión cabal y el proceder adecuado. Es la lámpara con la que se ilumina la psiquis y que nos permite mirar de forma más certera dentro y fuera de uno mismo. La lucidez es claridad de la mente que penetra en los sucesos de la vida, es visión limpia de las maniobras del ego, libre de juicios, prejuicios, adoctrinamientos, modelos, dogmas, patrones, descripciones y tendencias de apego o de rechazo. Permite ver la expresión más alta que uno puede alcanzar de la realidad, al margen de temores o actitudes egocéntricas y más allá de manipulaciones, aversiones, apetencias, interpretaciones de los sujetos del poder capitalista...




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