martes, 7 de julio de 2015

Dar...









Dar es hacer poseedor a cualquiera de lo que antes, poseíamos nosotros.

Es desprenderse de algo que nos pertenecía para que pertenezca ahora a otros.

Cuando entregamos lo que no nos pertenece no es ya eso dar, sino restituir: eso es la limosna.

La limosna no es una dádiva: es una restitución, pues cuando se entrega a otro lo que necesite sin que lo precise quien lo entrega ya no es eso dar…, que quien tiene más de lo que necesite es porque lo robó a quien carece de lo necesario.

Por eso dar no es restituir.
Damos cuando obsequiamos a cualquiera con algo que nos pertenece por derecho natural.
Damos cuando amamos, pues que, entonces, envolvemos al ser amado – madre, amada, hijo, amigo – con efluvios de nuestro propio ser.
Damos cuando prestamos nuestro concurso en las lides sociales:
El filósofo que concibe una idea y la siembra a voleo.
El científico que descubre una ley y la muestra a los cuatro vientos.



El artista que confecciona una belleza y la expone a los ojos de todos.
Porque el filósofo que concibe una verdad, el científico que descubre una ley, y el artista que confecciona una belleza hacen participe a los demás de algo que les pertenecía como un resultado de su propio esfuerzo.

Y es porque damos cada vez que aumentamos el caudal de amores, saberes y bellezas de la humanidad.

Y no es que dar sea una cualidad seráfica o santa: es simplemente humana.

Que dar es una necesidad tan imperiosa como tomar.

Como el metabolismo celular son imprescindible las funciones de ósmosis (corriente de dentro fuera de los líquidos celulares) y endósmosis (corriente de fuera a dentro …), en el conjunto de la vida humana es de toda necesidad una u otra función.
Por eso, la avaricia es una enfermedad. (Enfermedad tan frecuente en los humanos)
En los bienes tangibles, medibles, palpables, dar es una obligación cuando deja de ser una necesidad.
Todo humano tiene la obligación de partir con los otros humanos su tesoro: con los humanos que carezcan de él o que tengan un caudal menor al suyo.


Porque los bienes palpables, medibles y tangibles no pueden ser propiedad exclusiva de unos en detrimento de la necesidad de otros, ya que la naturaleza los prodigas sin predestinarlo a propiedad particular.
En los bienes morales, que no se ven, ni se pesan, ni se tocan, dar es un deber cuando deja de ser necesidad, todo humano tiene el deber de partir con los demás humanos su caudal mental: con los humanos que carezcan de él o que tenga un caudal menor al suyo.
Porque los bienes morales, que no se ven, ni se pesan, ni se tocan, no deben ser propiedad exclusiva de unos en detrimento de la necesidad de otros, ya que la naturaleza lo prodiga para el bien común, aunque se manifiesten en la particular persona de unos pocos.
Y es que los bienes materiales sirven para el físico bienestar de todos los humanos.
Y los bienes morales sirven para el psíquico bienestar de todos los humanos.

De ahí que dar sea la acción más social y humana de cuantas los humanos realizan.

Texto del Sensei



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