miércoles, 22 de julio de 2015

Influjos del consumismo...






Dentro de la economía capitalista,el ser humano ejerce un doble papel: por un lado crea, administra y reparte bienes y por otro, los consume y se sirve de ellos.
Mediante esta economía se supone que el individuo satisface sus necesidades, necesidades que según el capitalismo se clasifican en primarias y secundarias. Primarias serían aquellas necesidades básicas encaminadas a cubrir las apetencias instintivas, como por ejemplo: comida, ropa, vivienda, etc. Secundarias serían las dirigidas a saciar los deseos complementarios de las anteriores; algunas son necesarias pero no imprescindibles, como, por ejemplo, un aparato electrodoméstico; otras más superfluas o de lujo, que generalmente giran alrededor de una sofisticación de la anteriores o de la superficialidad, como por ejemplo: coches de lujo, vestidos de gala, joyas, mansiones,yates, etc.
Los publicistas saben que cuando el consumidor compra se deja llevar por dos tipos de influjos.
Influjos racionales: Aquellos que determinan la adquisición de sus necesidades primarias. Cuando compra racionalmente, lo hace estableciendo una escala de prioridades. Evita lo superfluo mientras no ha cubierto previamente lo básico. Compra aquello que realmente precisa y de acuerdo con su economía, calculando presupuestos y relación calidad-precio.


Influjos emocionales: Inducen al individuo a comprar no ya lo que le resulte imprescindible sino lo que considere,o le hayan dicho que es  importante para su satisfacción personal. Cuando compra emocionalmente por lo regular busca alguno de los objetivos siguientes: comodidad y prestigio social a través de una mejora de sus condiciones de vida. Otras veces persigue la satisfacción de caprichos personales por simple placer, saciando sus gustos y deseos autogratificantes o  a la moda.
Y en otras ocasiones busca autoafirmación, seguridad y refuerzo de su personalidad, generalmente rodeándose de lujo y ostentación que le dan espíritu de poder dentro de la sociedad. Esta última intención puede llegar a ser muy negativa para la persona cuando rebasa ciertos límites para caer en la codicia y ambición desmedida.
Por esto es aconsejable introducir una cierta recapacitación en el consumismo para no caer en la trampa bastante frecuente de vivir para él. Porque muchas personas agotan su vida en un desaforado empeño por lograr, mediante el trabajo exagerado, cubrir económicamente un exceso de consumo que en definitiva no le reporta la compensación necesaria del esfuerzo empleado.
Complementariamente con el consumidor existe el productor y vendedor, ambos en estrecha simbiosis. El primero consume para vivir, el segundo vive de lo que consume el otro.
Los comportamientos disfuncionales de consumismo, complican la dimensión de inequidad en el poder de compra y en el consumo desenfrenado de bienes y servicios, necesarios o innecesarios. El comportamiento obsesivo del consumismo perturba el actuar de los individuos, su armonía con la naturaleza, su salud y la situación financiera,que se vuelve más abismal e injusta entre pobres y ricos.
El consumismo data de muchos años, sin embargo, como se conoce hoy, inició  a partir de los años 50, y adquirió la velocidad del sonido en los 70.
Acompañado de técnicas de mercadotecnia y propaganda, provoca que el consumo se convierta en una acción masiva, y exclusiva, dependiendo de la clase de bienes. El consumo de lo innecesario es una manipulación mediática, obediente a las leyes del libre mercado. Existen varias tendencias modernas vinculadas al consumismo, generalmente asociadas con la inmadurez emocional:



Las campañas publicitarias hacen hincapíe en que en la medida que se consuma todo lo que se desea, en esa medida se será más feliz… Intentan convencernos de que todo está a nuestro alcance,y lo podemos adquirir, sin importar lo que cueste... Adquirir los artículos más novedosos, los que tienen mayor cantidad de accesorios, independientemente si los que se poseen son aún de utilidad,según los comerciantes,nos hará ser más exitosos,más felices,mejores personas.

El principio de que la “Verdad os hará libres” vino a ser sustituido por el “consumo nos hará libres”. La norma de “poseer únicamente lo que se necesita”, fue reemplazada por el de “poseer todo lo que se desea”. La sociedad de los países desarrollados cambió sus lealtades y preferencias, la atención a la familia, las acciones comunitarias, la visita a los enfermos, los estudios, el esparcimiento cultural, las diversiones sanas, todo esto fue sustituido por los centros comerciales, los supermercados y las tiendas mayoristas. Infortunadamente, un número significativo de países pobres ha emulado esta práctica.





Una figura impresionante del consumismo es la relación de la persona que sufre de dismorfia física y la explotación de parte del sector de  cosmética. Quien padece de dismorfia corporal, sufre de un trastorno emocional que hace que esté insatisfecho con alguna parte de su cuerpo, al grado de querer comprar lo que sea para verse igual a los demás. La industria de la farmacia cosmética es millonaria. En los EU se gastan 400 millones de dolares anuales.
El 20% de los países de más ingresos gastan el 86% del total de consumo privado, y el 20% más pobre, un reducido 1.3%. De los 4.400 millones de personas del mundo en desarrollo, 3/5 carecen de saneamiento ambiental, 1/3 no tienen acceso a agua limpia, ¼ no tiene vivienda apropiada, 1/5 no tiene acceso a servicios modernos de salud y 1/5 de los niños asisten a la escuela hasta 5to grado. La reducción del consumo podría ser un enfoque inapropiado. Los esfuerzos deberían encaminarse a la equidad en los ingresos y al poder adquisitivo, y que el consumo obedezca a esquemas racionales, vinculados a las necesidades del individuo y a la conservación del ecosistema. Claro que una disminución arbitraria del consumo puede producir un impacto negativo para lospoderes económicos de los países. Y aunque el  consumo inapropiado violenta la naturaleza, y causa daños irreparables como deforestación, degradación de los suelos, explotación de los mares y contaminación de las aguas,a los dueños del dinero en el planeta eso no les importa,pues ellos lo que quieren es poder y dinero.Por eso sus capañas para el consumo son cada vez más agresivas.

De tal modo que el frenesí del consumismo ya es alarmante. El consumo anual, a nivel mundial, de algunos artículos de lujo, como cosméticos, perfumes, viajes en cruceros, helados, resorts o ropa de diseño, suman 100 billones de dólares, dinero con el que se podría cubrir los gastos en salud de mujeres embarazadas pobres y sus niños, reducir el hambre y la malnutrición, las necesidades de alfabetización, proveer de agua potable e inmunización de los niños, acciones que sumarían 10 billones de dólares.
El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas,por ejemplo, informó que 40 millones de africanos estaban en peligro de hambruna y que en los últimos 30 años, 30 millones de mujeres y niños en Asia y el Pacífico de Asia, fueron mercadeados-traficados. En África (2014), diariamente murieron 3000 niños sólo por causa de la malaria,aparte del ébola y otras enfermedades de la pobresa. Y por otro lado,científicos informaron en 2014, que la industria pesquera había acabado con el 90% de las especies de peces más grandes y de mayor importancia económica.
Ante este sombrío panorama es oportuno citar a  Auperto (el acético provenzal del siglo VIII)  En un tratado sobre el conflicto entre vicios y virtudes, Auperto contrapuso a la cupiditas (la codicia) el contemptus mundi (el desprecio del mundo), el que no es un desprecio de la creación, de la belleza y de la bondad de la creación, sino un desprecio de la falsa visión del mundo, presentada e insinuada por la codicia. Ésta insinúa que el “tener” sería el sumo valor de nuestro ser, de nuestro vivir en el mundo pareciendo importantes. Y así falsifica la naturaleza y se destruye el mundo...”

El hiperconsumismo del nuevo homo consummericus ha escalado a niveles impredecibles de riesgo en la economía y el ecosistema. La mayor amenaza es el yo contemporáneo: individualista, inmerso en las apariencias, ostentoso, narcisista, distraído del consumo humanitario y la solidaridad. Por último un pensamiento del escritor argentino Jorge Luis Borges: “El final de la humanidad será una elección entre saber si el planeta tierra se mantiene en su curso para encontrarse con la eternidad, o si se le orilla a salirse de su órbita en un camino impredecible hacia la destrucción...”.

Aporte de Gonzo



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