martes, 21 de julio de 2015

Los consumistas...






sentimiento de vacío y de pérdida son los elementos esenciales de la conducta consumista,y  cualquier experiencia que pueda atenuar esos sentimientos desoladores  les procure placer, pero es un placer efímero. De modo que los consumistas padecen las actitudes generales siguientes:
El sentimiento permanente de vacío hace que se busque constantemente la plenitud y el bienestar a través de multitud de actividades, sin conseguirlo nunca. Es una de las principales fuentes del ciclo de insatisfacción descrito antes. Nunca se tiene bastante. Es evidente que resulta imposible sentirse satisfecho, puesto que la sensación de carencia proviene de una herida profunda que hay que curar y no de algo exterior que haya que encontrar. La insatisfacción inconsciente empuja a desear todo tipo de cosas, en todos los aspectos de la vida cotidiana, para llenar el vacío interior.
El origen de la conducta del consumista está en la necesidad imperiosa de llenarse de algo, necesidad tan frecuente en el mundo actual. Como hemos visto en espacios anteriores, hay diversos modos de llenarse, o, más bien, de intentarlo:
— físicamente: alimentos, bebidas, tabaco, drogas, alcohol;
— psicológicamente: televisión, compras, placeres, deporte, política, trabajo, música, viajes, estudios, cursos de crecimiento, etc.; la estructura oral puede utilizar cualquier actividad para tratar de llenarse.
 También,los consumistas padecen de una inseguridad permanente.
La inseguridad proviene de una ansiedad profunda, del miedo a la carencia, a la pérdida o al abandono. Se busca constantemente una seudoseguridad procedente del exterior (de las condiciones materiales o de las personas), lo que da lugar a todo tipo de dependencias.
El sentimiento de inseguridad entraña también un estrés que lleva a la persona a querer acumular, conservar y poseer de todo, para tratar de protegerse ante un futuro tal vez menos favorable.

Pero nunca acumulará bastante como para sentirse seguro. Vive en un estado de inquietud permanente frente al futuro.
Los miedos inherentes a la estructura generan también un gran apego a las cosas y, por ende, una enorme dificultad para el desprendimiento. Esta estructura mantiene la ilusión de que, si encuentra el objeto (lo que sea, y en cantidad suficiente) o la persona adecuados que le dé la ilusión de que algún día podrá ser llenado, satisfecho.Vive, pues, en una espera permanente, que también es causa de estrés y de tensiones internas.
Pero dado que no comprende por qué está siempre insatisfecho, en general culpa a las circunstancias o a los demás de que no le aportan la satisfacción que tanto necesita. Es una de las dos estructuras que están en el origen del comportamiento de víctima.
Ahora bien,la carrera hacia la satisfacción nunca alcanzada lleva, evidentemente, a una dinámica de excesos de todo tipo: en la mesa, en el sexo, en el trabajo, en las compras o en la televisión, es decir, excesos en los campos que haya elegido el individuo para compensar su sensación de vacío. En cualquier cosa que haga, el oral rebasará siempre los límites razonables. Si se trata del trabajo, trabajará como loco, sin parar. Se le puede sugerir que lo tome con más calma y, aunque quiera hacerlo, si es consciente del problema, no podrá dejar ese ritmo compulsivo. Está aprisionado en un mecanismo idéntico al que empuja a comer demasiado, a fumar o a hacer cualquier otra cosa que a uno le gustaría dejar de hacer, pero no puede.
Lo triste es que para desprender la memoria adictiva alojada en el inconsciente, deberá emprenderse un trabajo arduo contra la sociedad de consumo.
Y esa lucha será contra cualquier  cosa que se utilice para llenarse compulsivamente,teniendo en cuenta que la sociedad nos incita a ello.



Por ejemplo, ir de compras o ver la televisión no sólo no está mal visto, sino que la sociedad de consumo nos empuja a ello. Pero no por eso es menos perjudicial a corto o a largo plazo, pues es fuente de mucho sufrimiento y de una gran alienación. Lo más destructor, en este caso, es que las personas ni siquiera se dan cuenta de que son prisioneras de un mecanismo. No establecen la relación entre el mecanismo interno y su dificultad para llevar una vida dichosa y satisfactoria. Cuando se tiene un problema de bulimia o de alcoholismo, es evidente; pero es muy raro oír hablar de dependencia respecto a ir de compras o ver la televisión. Y, sin embargo, es una dinámica perniciosa y muy destructiva.
La insatisfacción y el sentimiento de carencia permanente hacen que la persona trate siempre de tomar y nunca pueda dar. Para ella, dar es una pérdida, un verdadero suplicio. Se la podría tratar de egoísta, pero nada más lejos de la verdad, pues no hay mala voluntad por su parte. Está atrapada en un mecanismo procedente del sistema del que casi nunca es consciente,pero si uno observa su comportamiento, sus motivaciones y sus reacciones frente al mundo que lo rodea, la detectará. Y lo mismo que ocurre con las demás estructuras de manipulación, aunque podemos darnos cuenta fácilmente de hasta qué punto están activas si vigilamos sus intenciones y tenemos autocontrol, y somos sinceros con nosotros mismos.
Por fin, cuando uno ha conseguido liberarse de esa dinámica, ha superado una etapa importante en el camino hacia la libertad y hacia la felicidad.


Recordemos que el ser humano puede ser manipulado, programado y controlado desde fuera de sí mismo para que compre y para que se someta. Cuando el consumista entra al supermercado, la soberanía de su dignidad y libertad se desmorona . La manipulación publicitaria es una forma de control mental y social, y ocurre cuando falta consciencia en el ser humano. Entonces se le reduce a un simple títere movido por hilos. Esa manipulación es una violación de la libertad, una forma de violencia y de deshumanización...así que cortemos los hilos...


Aquí dejo un video llamado Furia Consumista: