miércoles, 8 de julio de 2015

Los generosos...









Los generosos tienen esa especial capacidad de percibir la abundancia desde la perspectiva de la alegría y el abandono. Su fuente es la inocencia y desde ella se alcanza la comprensión de lo suficiente, lo necesario y lo superfluo, así como también el sentido de una especie de orden oculto de la vida y su fluir.

Porque las personas generosas ven la vida como una oportunidad para servir y hacer un bien al prójimo. Por eso los generosos tienen una disposición natural e incondicional para ayudar a los demás sin hacer distinciones. Y lo mismo intentan resolver las  las situaciones que afectan a las personas en la medida de sus posibilidades, o buscar los medios para lograrlo.
Los generosos se distinguen,sobre todo,por  la discreción y sencillez con la que actúan, apareciendo y desapareciendo en el momento oportuno. Y porque procuran sonreír siempre. A pesar de su estado de ánimo y aún en las situaciones poco favorables para ellos o para los demás.porque  muchas veces dar una sonrisa cuando más se necesita, implica una gran generosidad.
Los generosos suelen estar alegres,y son  accesibles en sus gustos personales, permite a los demás que elijan la película, lugar de diversión, pasatiempos,etc.porque lo que desea es que los demás también se alegren por la vida.
Y es que los generosos saben ceder, dar la razón, dar el paso, el lugar...porque suelen ser conteses y flexibles, a pesar del cansancio y siempre con optimismo, buscando el beneficio ajeno, y para ellos usan sus habilidades y conocimientos para ayudar a los demás.
Así que un generoso aiende a toda persona que busca su consejo o apoyo. Por más antipática o malévola que sea,porque el generoso está comprometido con la acción de ayudar,no con el individuo en particular,así que  al atender a una persona, no demuestra prisa, cansancio, fastidio o impaciencia, siendo en todo momento sencillo, practicando la generosidad en silencio, sin reflectores y sin anuncios en los medios sociales.
Porque para dar necesitamos tener detrás de ello la motivación correcta. Si damos para conseguir lo que pretendemos –mérito, aprecio, agradecimiento- el dar no tiene valor. No debemos dar para recibir, debemos dar por dar. Sólo cuando investigamos e indagamos en ello lo vemos con claridad.
 Y es que la generosidad no sólo se practica dando cosas. No todas las personas tienen posesiones materiales para dar, aunque parte de la gente tiene tantas pertenencias que no puede recordarlas. Se pueden dar el propio tiempo, la atención y el interés, se pueden compartir las habilidades y destrezas propias. La generosidad puede llegar al extremo de dar la vida por otras personas.
Quizá si todos nos propusieramos ser un poco generosos,tal vez los males que padece nuestra sociedad actual como el consumismo, la violencia, la drogadicción, etc. podrían menguar.


Pero cómo podríamos contribuir aunque sólo sea en un miligramo a la curación de un medio social desgarrado y enfermo por tantos males y desdichas? Tal vez las cosas mejorarían si recordaramos  que vivimos en una relación con los demás, que aunque a veces nos parezca innecesaria, nos hace ser lo que somos. Y si tomamos consicencia de que miles de veces comocamos la comodidad, el dinero y la imagen como los valores supremos de nuestras vidas. Y olvidamos esa  capacidad dentro del corazón humano que nos despierta la necesidad de ayudar a los demás, de entregar parte de nuestro tiempo a causas nobles, de desprendernos de algunas cosas que atesoramos inutilmente. Si pudiesemos olvidar por unas horas esa egolatría que impera en el teatro social y apartarnos de ese deseo morboso de figurar con presunciones de "éxito personal", consumismo y riqueza material...
El sistema capitalista exalta como valor supremo la comodidad,que verdaderamente vale la pena en esta vida, y entonces la generosidad,que muchas veces implica cierta incomodidad en bien del prójimo,queda desplazada,y aunque la sociedad actual nos quiere convencer de lo contrario, ese egocentrismo comodino nos lleva al vacío, a la infelicidad,porque toda nuestra atención se vuelca hacia el "yo", y eso nos hace un daño doble:  a los demás mientras se les pasa por encima, y a uno mismo, porque a la postre nos quedamos solos y con la certeza de haber sido inútiles en la vida. Y es que el ser generoso nos ayuda a descubrir lo útiles que podemos ser en la vida de nuestros semejantes, alcanzado la verdadera alegría y la íntima
satisfacción del deber cumplido con nuestro interior.
Porque la generosidad es pensar y actuar hacia los demás, hacia fuera. No hacia adentro.
A pesar de la gran desvalorización de la sociedad, hay que decir que los generosos son ejemplos silenciosos  para todos: la madre que hace de comer, el vecino que nos escucha atento, la maestra que nos enseña, el escritor que nos regala su literatura,el médico que nos da medicina y afecto, el taxista que nos alegra el día con sus anécdotas,la vendedora de fruta que nos da un "pilón" en la compra,el amigo que nos apoya cuando tenemos problemas...
 Y estos actos de generosidad son de verdad heroicos. Siempre es más fácil hacer un acto grandioso por el cual nos admiren, que “simplemente” darnos a los demás sin obtener ningún crédito. Y es que casi todos tendemos a buscar el propio brillo, la propia satisfacción, el prevalecer sobre los demás y solemos evitar el dar nuestra luz a los demás...
Así que dar sin esperar nada a cambio, entregar parte de nuestra vida, volcarse a los demás, ayudar a los que lo necesitan, dar consuelo a los que sufren, eso es generosidad.
Y no es un valor pasado de moda. La generosidad es la llave que abre la puerta de la amistad, es una semilla que siembra el amor, y puede ser la luz que nos saque del oscurantismo materialista dentro del cual, muchos viven en la más negra de las ignorancias...




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