jueves, 24 de septiembre de 2015

Retóricas de la Intransigencia...

"Todos estos argumentos retóricos persiguen alejar a la ciudadanía de la política y de los asuntos públicos. De esta manera se fomenta un estado de desconfianza y miedo. profundamente reaccionario. Basado en datos falsos se incita a la ruptura y el alejamiento de los ciudadanos de la racionalidad pública y de los intereses colectivos"
N. Chomsky.



Albert O. Hirschman,  en su estudio sobre  la  argumentación conservadora ,  identifica tres tipos de falsos argumentos  que utiliza   el discurso reaccionario frente los cambios y transformaciones progresistas :
La perversidad, la futilidad  y  el riesgo.
De tal modo que todo cambio o  revolución  social  está condenada  a producir lo contrario de lo que buscó (perversidad); a generar un coste elevadísimo e innecesario (futilidad);  o  a producir una serie de riesgos  de violencia y autoritarismo  evitables ( riesgos). Por medio de esta “retórica  de la intransigencia”   el discurso reaccionario trata de eludir el debate frontal con el discurso progresista para ganarle la mano en  el asunto de la utilidad de los medios. De esta forma intenta reapropiarse la hegemonía ideológica no mediante la demostración de la superioridad de la argumentación conservadora, sino a través de la desactivación de la utilidad de las transformaciones sociales.  Se trata de una habilidosa impugnación del método y no del fin a sabiendas de que si se  deslegitima el medio se desactiva también el mensaje.


Esta retórica ha tenido un éxito  arrollador en los gobiernos neoliberales y su obra cumbre es el discurso sobre “la modélica  democracia”. No en balde no hay reaccionario que en el mundo exista, que no  haya acudido rápidamente a  adoptar la democracia occidental como el modelo ideal de cambio social. No se cuestiona el objetivo ( la democracia) pero si el medio y los actores. Nada de cambios bruscos, de  mirar para atrás, de justicia reparadora, de protagonismo de los actores sociales o de las multitudes anónimas, de conquista popular de las libertades. El protagonismo  (“el motor” en el argot retórico) del cambio es el presidente, los tecnócratas, la responsabilidad de las fuerzas armadas y “la serenidad y madurez del pueblo votante”. Obsérvese que al pueblo le toca el papel de observador (no de protagonista), sereno ( quieto y no activo) y de maduro   (adverso al cambio) y nunca  de  agente  de la transformación,y es que si votar sirviera efectivamente para un cambio,el mismo poder lo prohibiría de inmediato.








El resultado del triunfo de esta “retórica de la intransigencia” es una devaluación brutal de la calidad democrática y de la cultura política. Los enormes obstáculos que se están encontrando  las economías occidentales, son un buen ejemplo de las consecuencias políticas de haber dado por bueno el cuento reaccionario de la democracia manejada como un objeto de consumo.
En una cultura política  como  esta, basada en argumentos retóricos y en una amnesia selectiva, puede hacer fortuna todo tipo de bulos y falsos tópicos  que enturbian el debate político y que se presentan ante la opinión pública como sólidos argumentos  contrastados empíricamente. Aquí, como el chiste de la esposa infiel”, si nos hemos creído el cuento de las elecciones, ¿por qué no nos vamos a creer otros cuentos menos escandalosamente falsos como el de la abstención imparablemente creciente; el de la crísis, el del gasto público excesivo o el de la impunidad de una delincuencia imparable debido a una falta de seguridad ciudadana y a  una legislación muy suave? Pero,claro,sin mencionar la corrupción.

Todos estos argumentos retóricos persiguen alejar a la ciudadanía de la política y de los asuntos públicos. De esta manera  se fomenta un estado de desconfianza y miedo, profundamente reaccionario. Basado en datos falsos se  incita  a la ruptura y el alejamiento de los ciudadanos de la  racionalidad  pública y de  los intereses colectivos.


A esta estrategia contribuye, en  este caso de manera inconsciente y por ello bastante  estúpida, ciertas “retóricas de la conspiración” propia de mucho de los  discursos de la izquierda y de los progresistas. Pero sobre esta “retórica de la conspiración” , complementaria de la “retórica de la intransigencia”, hablaremos   en otra ocasión.

Aporte de Gonzo.