domingo, 8 de noviembre de 2015

El racismo...







En el mundo que habitamos existen diversos grupos sociales diferenciados entre sí por su ubicación geográfica, raza, progreso tecnológico y desarrollo económico. Algunos grupos son parecidos mientras que otros son muy distintos, ya no sólo en su esfera cultural y humana, sino incluso en sus caracteres físicos y lenguajes. Son las múltiples razas en que se divide la especie humana.

El ser humano como ser social tiende a agruparse, y lo hará en principio con aquellos otros individuos más afines a él. Adoptará, bien por educación recibida desde la infancia (temperamento autóctono) o por autoconvencimiento adaptativo (temperamento inmigrante), la ideología y costumbres del grupo en el que vive.
En general el grupo trata de dejar clara su identidad con respecto a los otros, estableciendo modas, uniformes, banderas, colores y demás distintivos que atribuyen al individuo su pertenencia a un grupo y no a otro.
La diferencia de razas en el género humano con sus características físicas (color de piel, rasgos faciales, estatura, etcétera) configurará de una forma natural una serie de distintivos grupales indelebles.
Las grandes emigraciones, así como la expansión sociocultural y avance tecnológico de algunas sociedades con respecto a otras, han hecho borrar y reconstruir sus diferentes linderos geográficos a lo largo de la historia. De este modo quedaron subgrupos incluidos dentro de grupos mayoritarios. Subgrupos que adoptan toda la ideología y costumbres del grupo superior, pero que mantienen imborrables sus distintivos raciales como signo indicativo de su origen.


Cuando una sociedad así constituida mantiene un equilibrio y la suficiente riqueza para abastecer a todos sus individuos, los subgrupos pueden coexistir en paz y armonía. Pero cuando hay escasez, competencia y tensiones internas, habitualmente grupo y subgrupos se enfrentan entre sí. Generalmente la minoría es rechazada como intrusa o parásita por la mayoría. Se recrudece el instinto de defensa: «primero yo y los míos» y a todo el que es diferente se lo cataloga de extraño y enemigo. No es raro que, entonces, se tambaleen los derechos del subgrupo con el peligro del exterminio o la expulsión.
Pero no es preciso llegar al estado de guerra civil para que aparezcan los choques raciales. Las altas concentraciones de población y, sobre todo, el tumultuoso agrupamiento en las grandes urbes hacen surgir de igual forma los problemas de competencia por el espacio y los recursos, con el consecuente conflicto entre subgrupos. Es el racismo como secuela instintiva, que se puede definir como aquella doctrina ideológica que exalta los derechos y méritos de una determinada raza con menosprecio de los correspondientes a otras.

Cuando la mecha del racismo está prendida es difícil de apagar en una sociedad, pudiendo llegar a provocar temibles tumultos, revoluciones y persecuciones. Sobre todo porque suelen aparecer razonamientos fundamentados en un falso silogismo: por ejemplo, alguien ve cómo un individuo de otra raza comete un delito dentro de su sociedad. Inmediatamente piensa: «Ese sujeto de esa raza es un delincuente, luego hay que protegerse de los que son como él de dicha raza.» Acto seguido tiene lugar una discriminación y es muy probable que se achaquen al subgrupo todos los posibles delitos ulteriores. La minoría, injustamente acusada, reaccionará defensivamente, incluso con violencia si es agredida. Ello refuerza el primer razonamiento: «No sólo son delincuentes, sino además violentos y peligrosos, luego deben ser expulsados o exterminados.» Parece absurdo y ridículo, pero desgraciadamente este razonamiento refleja una manera real de pensar dentro de la sociedad. Si el primer delincuente sorprendido, en lugar de pertenecer a la minoría (subgrupo), hubiera sido un delincuente de la mayoría, el hecho hubiera sido catalogado como un delito más de los que habitualmente ocurren en toda sociedad y sin ninguna consecuencia discriminatoria.
El racismo lleva a un círculo vicioso de autoalimentación sin posible fin: un individuo no es igual que los demás. Por ello se le margina. Con la marginación carece de las mismas oportunidades que los demás. Entonces difícilmente llega a ser igual a ellos. Y como no es igual, se le margina.
El pasado y presente históricos dejan ver los efectos del racismo sin visos de solución, pues en casi todos los países existen minorías étnicas más o menos discriminadas y en continua lucha por la igualdad.

Aporte de Gonzo