miércoles, 7 de diciembre de 2016

Odio a los indiferentes...










Yo odio a los indiferentes debido a esto: su lloriqueo de ser eternamente inocentes me molesta. Hago a cada uno responsable de su falta de elección: la forma en que han abordado la tarea que la vida les ha dado y les da todos los días, lo que han hecho, y sobre todo, lo que no han hecho. Y siento que tengo el derecho de ser inexorable y no malgastar mi compasión, de no compartir mis lágrimas con ellos.
Soy partidario de lo vivo, siento el pulso de la actividad de la ciudad futura que  los que a mi lado están construyendo. Están vivos en su conciencia. Y es que la cadena social no descansa sobre unos pocos; nada de lo que ocurre en una revolución es una cuestión de suerte, ni es producto del destino, sólo es resultado del trabajo inteligente de los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana distante del sacrificio y en  la fuga autocompasiva. Por eso soy un partidario. Y por eso que odio los que no toman partido, odio a los indiferentes .


La indiferencia es el peso muerto de la historia, sin embargo, la indiferencia opera con gran poder en el curso de la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es fatalidad, lo que no se puede contar. Se retuerce programas y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia prima que arruina la inteligencia. Lo que sucede, el mal que pesa sobre todo, sucede debido a que la masa humana abdica de su voluntad; permite que las leyes abusivas sean promulgadas, permite que la revuelta se anule, y deja a los individuos corruptos alcanzar un poder que sólo  un motín será capaz de derribar. Las masas ignoran porque son descuidados y luego parece que es el producto de la mala  suerte que corra sobre todo y de todos: el que consiente, así como aquel que disiente; el que sabía tan bien como el que no sabía; el activo, así como el indiferente. Algunos gimen piadosamente, otros maldicen obscenamente, pero nadie, o muy pocos se preguntan: Si hubiera intentado imponer mi voluntad, esto habría sucedido... ?
Odio a los indiferentes. Creo que vivir significa tomar partido. Los que viven realmente no pueden dejar de ser  ciudadanos consientes  y partidarios. La indiferencia y la apatía son el parasitismo, la perversión, no la vida. Es por eso que odio a los indiferentes...

- Antonio Gramsci
un artículo escrito el 8 de abril 1917


Aporte de Gonzo


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