martes, 18 de abril de 2017

Un complejo mortal ...







El complejo de superioridad es un mecanismo inconsciente, neurológico, en el cual tratan de compensarse los sentimientos de inferioridad de los individuos, resaltando aquellas cualidades en las que sobresalen. Es lógico pensar que cada individuo posea aspectos positivos y otros negativos. Posiblemente los aspectos negativos del ser son obviados por su psiquis para obcecarse sólo con los positivos. El término fue acuñado por Alfred Adler .
El síndrome de superioridad, generalmente, proyecta  los propios sentimientos de inferioridad soterrados, hacia los demás. El problema más común de este complejo es que las personas con este tipo de sentir, son arrogantes y quieren hacerse destacar por aspectos banales.
La conducta relacionada con este mecanismo puede incluir una opinión exageradamente positiva sobre el valor y las habilidades de uno mismo, expectativas muy altas y poco realistas con respecto a los logros de uno mismo sobre los demás, vanidad, estilo extravagante en la forma de hablar (con la intención de llamar la atención), orgullo, sentimentalismo y facilidad de ser herido, una tendencia a rechazar las opiniones de los demás (a veces con fundamentos racionales), comportamiento grosero, entre otras cosas.

El complejo de superioridad,  es una forma de evadir el temor al fracaso relacionado con los sentimientos de incapacidad de enfrentar el mundo real.
Los complejos de superioridad e inferioridad se presentan a menudo en las mismas personas, y se manifiestan como mecanismos de defensa compensatorios uno del otro.
Estos trastornos de la personalidad son una exageración patológica de alguna de las características psíquicas que definen a un individuo. Pero el trastorno de autograndeza goza de absoluta actualidad:podemos ver la megalomanía, el narcisismo, los delirios de grandeza, las fantasías de éxito desbordadas en muchos personajes de la política mundial.
Es fácil identificar la radiografía de estas personalidades delirantes: Son egocéntricas y manipuladoras, con la desesperada urgencia de representar una posición sobre los demás, en un ambiente hostil en el que expresan su psicopatía ya sea en el mundo de la plítica o del poder financiero, por ejemplo. Y qué problemas esconden tras este pavoneo de su grandeza? Pues un profundo complejo de inferioridad, una falla en la identidad, un trastorno de personalidad y un probable delirio de megalomanía con narcisismo patológico.
Lo peor es que el comportamiento social de estas personas está marcado por la falta de empatía. No tienen en cuenta las necesidades y sentimientos de los demás. Se dedican exclusivamente a sus intereses y a sus metas, y manipulan a las personas como instrumentos para sus fines. Y detrás de todo esto, dos rasgos fundamentales: la vanidad exorbitante y la ambición desenfrenada.  Estos narcisistas patológicos están plenamente convencidos de que son mejores que los demás,pero que no son lo suficientemente reconocidos y admirados, por lo que se muestran ávidos de aceptación, y al no saciar esa sed, se muestran arrogantes y soberbios. La soberbia es la herramienta de reacción cuando se les descubre en su mediocridad.

A pesar de su complejo de inferioridad, todos los narcisistas  célebres han tenido alguna característica sobresaliente, algo positivo que los hace destacar entre el resto y desencadena el llamado “efecto halo”. Este “efecto halo” es una herramienta para crear una falsa identidad: Si utilizamos el escenario adecuado, con el vestuario adecuado y la parafernalia adecuada, es decir, si recreamos una situación correctamente, poniendo énfasis en los elementos clave, no es tan difícil engañar a los demás.
Este trastorno narcisista llegó a conocerse anteriormente  como megalomanía, y fue diagnosticado por primera vez por el psicoanalista Heinz Kohut, en 1968, al que definió como un patrón rígido de comportamiento que conduce a una búsqueda constante de auto-gratificación, caracterizado por un sentido de grandiosidad y de auto-importancia, con una necesidad insaciable de atención y falta crónica de empatía.
En muchos diccionarios clínicos la megalomanía se define como un estado mental anormal que presenta delirios de grandeza y un sentido exagerado de autoestima, poder y grandeza. Es una condición psico-patológica en la que la persona muestra una obsesión excesiva con la grandiosidad.

La  Asociación Americana de Psiquiatría  publicó los criterios en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V)  y una persona con este tipo de trastorno puede mostrar todos o algunos de los rasgos mencionados a continuación:

Sentido exagerado del yo
Sentido de superioridad sobre los demás
Auto proclamación de talentos y logros
Egocentrismo monotemático
Constante autoadmiración
Explotación y aprovechamiento de los demás para beneficio personal
Sentir envidia de los demás y desear que las otras personas le envidien
Arrogancia y naturaleza agresiva
Incapacidad para empatizar con los demás
En general, el comportamiento de las personas narcisistas no deja de ser una máscara que ayuda a cubrir sus inseguridades y sentimientos negativos. Esta sensibilidad les lleva a mostrarse agresivos hacia los demás como un mecanismo de defensa.

Al ser tan poco empáticas con los demás, las personas narcisistas y con megalomanía tienden a comportarse de una manera socialmente combativa y provocadora, sobre todo cuando no reciben el nivel de la admiración que sienten que valen.

Son difíciles de tratar e interactuar con ellas, tanto a nivel laboral como personal. Las personas con el trastorno son explotadoras y pueden causar malestar significativo a los demás.
Una personalidad megalómana cursa con un comportamiento caótico y  arranques de ira o insultos cuando siente que no es lo suficientemente alabado.
Las personalidades megalómanas nos hacen sentir poco valorados, que no somoa lo suficientemente buenos, que somos estúpidos y su critica constante es casi imposible de tolerar sin enfermar emocionalmente.

Los factores desencadenantes de la megalomanía pueden incluir a unos padres altamente críticos,o indiferentes, o un ambiente lleno de expectativas casi imposibles de alcanzar, con unas metas de vida demasiado altas.Todo esto genera muchos de los conflictos internos “auto devaluación”, junto con creencias limitantes y emociones negativas que, con el tiempo, algunas personas,las fosilisan y para sentirse mejor generan la estrategia de creer que son verdaderamente superiores a los demás a través de los siguientes actos:
Insultar a otros
Criticar a los demás
Creer que siempre tienen la razón y los otros no
Utilizan la ira y el abuso verbal para asustar a sus competidores

Dejar de empatizar con los demás para, básicamente, hacer todo lo necesario para ganar y ser el mejor.
(Es interesante saber que el padre de Donald Trump, Frederick Trump, constructor de origen alemán que creó un imperio inmobiliario entre 1930 y 1970, fue conocido por ser tremendamente estricto y cruel, criticaba constantemente a sus hijos y tenía unas altas exigencias para ellos y obligó a sus hijos a ser ricos a como diese lugar. Quizá por eso hermano mayor de Donald Trump, Freddy comenzó a beber desde muy joven y murió de alcoholismo.
Al parecer Donald Trump, que era el más mediocre e ignorante de todos los hermanos, hizo frente a estas intensas críticas generando una personalidad extremadamente agresiva para simular fortaleza.
Aunque Donald Trump tal vez no sea tan fuerte como quiere aparentar. De hecho,es muy frágil:  él  padece TOC,, trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) que es un tipo de trastorno de ansiedad. Las personas con TOC, tienen pensamientos repetidos y angustiantes denominados obsesiones. Con el fin de intentar controlar estas obsesiones, las personas con TOC sienten una necesidad imperiosa de realizar rituales o comportamientos, llamados compulsiones.







Algunos ejemplos de obsesiones son el miedo a los gérmenes o el miedo obsesivo a lastimarse o caer. Entre las compulsiones se incluye lavarse las manos, contar, revisar una y otra vez las cosas o limpiar. Esos ritos y pensamientos interfieren en sus vidas diarias. Trump,por ejemplo, también tiene miedo a dar la mano, de ahí sus conflictivos saludos a otros líderes mundiales, y se niega a presionar el botón de la planta baja de un ascensor porque dice que hay más gérmenes allí…
Recordemos que también teme bajar escaleras, denotando una terrible inseguridad cinética, típica de la megalomanía,en la que hay larvado,un temor al vacío emocional,y por eso es  una personalidad altamente suceptible a las críticas y a la retroalimentación negativa,es decir a "caer" metafóricamente. En fín, que cualquier cosa puede desencadenar en el megalomano conductas absurdas, verbalizaciones agresivas,y venganzas mezquinas con tal de demostrar su superioridad a los demás.






Un sujeto hambriento de afirmación, y sumamente suceptible a las burlas y los desaires, a tal grado que esos temores lo han llevado a jugar a la guerra con 59 misiles Tomahawks en Siria, amenazando al mundo con un portaviones nuclear que según él iba al mar de China,pero navegaba en Australia, y una superbomba en las montañas afganas, con igual prepotencia y estupidéz como cuando quitaba y desterraba reinas y otorgaba tronos a su antojo, en su ridículo concurso de Miss Universo...Y por todo esto,es una irresponsabilidad de todos los habitantes de este planeta dejar a un sujeto así,la posesión de los códigos nucleares ...



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